jueves, octubre 14, 2010

Ser cristiano en nuestra sociedad plural y laica

por José M. Castillo, teólogo

Este interesante artículo que nos envía directamente el autor, corresponde a una conferencia impartida el invierno pasado en Valencia. Su mensaje sigue siendo perfecta mente válido en el Otoño de 2010 (Redacción de R. C.)

I. Introducción: la raíz del problema
Para empezar, vamos a ir derechamente al fondo del problema. A mi manera de ver, el problema, que aquí tenemos que afrontar, se puede (y creo que se debe) plantear en estos términos: la condición necesaria e indispensable, para poder entender y vivir el cristianismo, está en que éste se pueda vivir y practicar, no en lo religioso y desde lo religioso, no en lo sagrado y desde lo sagrado, sino en lo profano y desde lo profano, en lo laico y desde lo laico.
Ahora bien, hoy nos damos cuenta de que, en este momento, estamos en condiciones de afirmar que Jesús fue un hombre profundamente religioso (por su constante relación con el Padre del cielo y por su intensa vida de oración), pero al mismo tiempo fue un laico, que vivió su religiosidad y presentó su religiosidad de forma que entró en conflicto con la religión (con la Ley, el Templo y los Sacerdotes). Y sabemos que aquel conflicto terminó siendo mortal, en el sentido más literal de la palabra. Jesús, en efecto, fue perseguido, juzgado, condenado y asesinado por la Religión.
Ahora bien, desde el momento en que las cosas sucedieron así en los orígenes del cristianismo, se nos plantean dos problemas de gran calado en los que (según creo) muchos cristianos no piensan: 1) La gran dificultad que tenemos para entender a Cristo. 2) La gravedad del problema religioso y cristiano que estamos viviendo.
1. Nuestra comprensión de Cristo. Si Jesús vivió como sabemos y murió por lo que sabemos, tenemos el derecho y el deber de preguntarnos cómo es posible, desde la Religión, entender a un hombre (Jesús) que fue rechazado y asesinado por la Religión. Y por tanto, cómo podemos, desde nuestra identificación con la Religión, vivir y practicar un proyecto y un mensaje que fue rechazado tan brutalmente por la Religión.
Al hablar de este asunto, es importante tener en cuenta que, cuando hablamos de nuestra identificación con la Religión, nos referimos ante todo a un hecho cultural y sociológico: hemos nacido y hemos sido educados en una cultura religiosa y en una sociedad marcada por la Religión. De forma que, seamos o no seamos conscientes de ello, estemos o no estemos de acuerdo con ello, el hecho religioso es un elemento constitutivo de nuestras propia identidad. Incluso en el caso de aquellas personas que se consideran agnósticas o ateas. Porque también esas personas han construido su propia identidad en una cultura religiosa y en una sociedad configurada (en buena medida) por la Religión.
2. El problema religioso-cristiano que estamos viviendo. La Religión está representada y es gestionada, en nuestra sociedad, por una institución, que es la Iglesia. En el caso concreto de España, por la Iglesia católica, que es, no sólo una institución religiosa, sino que además es un Estado. Lo cual quiere decir que las relaciones de la sociedad con la Religión son, no sólo relaciones religiosas, sino además (e inevitablemente) también relaciones políticas. Como es bien sabido, estas relaciones han sido con frecuencia problemáticas y a veces conflictivas. Pero, mientras duró el Antiguo Régimen, los conflictos entre religión y sociedad fueron siempre conflictos de poder, siempre dentro del hecho religioso, que era aceptado por todos, lo mismo por el poder político que (como es lógico) por el poder religioso.
Los conflictos cambiaron radicalmente de sentido a partir de la Ilustración y con el nacimiento de la Modernidad. Porque ya no eran conflictos de poder en una sociedad religiosa, sino confrontaciones entre la religión y la sociedad, entre la Iglesia de siempre y la nueva cultura. Y ahora, con la Posmodernidad, los problemas se han agudizado y han llevado la tensión al límite. Porque, en este momento, ya no se trata del conflicto entre la sociedad y la Iglesia. Se trata de una situación mucho más radical. En este momento, el problema está en que el cristianismo se está saliendo de la Iglesia. El cristianismo se vive en la sociedad laica, tolerante, plural, defensora de los derechos y de la dignidad de las personas. La religión sigue en la Iglesia, en su sacralidad, en su dignidad, en sus poderes y privilegios.
Pero ahora comprendemos, mejor que nunca, que desde la religión, desde el poder de la religión, desde la dignidad de lo sagrado, no es posible ni comprender, ni vivir el cristianismo, el mensaje de un hombre (Jesús) que, insisto, fue perseguido por la religión, condenado por la religión, asesinado por la religión, en el despojo de todo poder y de todo privilegio, en el abandono y la exclusión de un subversivo que se vio rechazado por el Templo, por la Ley y por los Sacerdotes.
II. El cristianismo “oficial” en la sociedad actual
El mensaje y la vida de Jesús ha sido históricamente gestionado y controlado por la Iglesia. Es decir, la “memoria subversiva” (J. B. Metz) de Jesús ha sido conservada por una institución (la Iglesia) que, con el paso de los años y por virtud de un lento proceso, que ahora no es el momento de recordar, de hecho, terminó por constituirse en: 1) Una Religión. 2) Que es, de hecho, la Religión de Occidente.
No podemos, en los reducidos límites de esta exposición, analizar en toda su complejidad y en sus múltiples detalles este fenómeno de transformación. Lo que sí puedo (y debo) decir es que, a estas alturas de la historia, somos muchos los que vemos esta transformación como un proceso de adulteración e incluso de descomposición del proyecto original, tal como nos lo describen los documentos fundacionales del Nuevo Testamento y lo que sabemos con seguridad que ocurrió en los siglos siguientes. Para lo que aquí nos interesa, sólo quiero fijarme en las dos cuestiones que acabo de apuntar.
1. El cristianismo como Religión. Por lo que nos relatan los evangelios, podemos afirmar con seguridad que Jesús no pensó fundar una Iglesia. Ni pensó fundar una nueva Religión. Jesús fue in judío que se dio cuenta de que la Religión, a partir de lo que él vio y vivió en el judaísmo del siglo primero, no es ni lo que Dios quiere, ni lo que el mundo necesita. Advierto que, cuando hablo de “Religión”, no me refiero solamente a la Religión de Israel. Me refiero a la Religión tal como Jesús la pudo ver y vivir en su pueblo y en su tiempo.
Es decir, me refiero a una Religión: 1) monoteísta y, por tanto, excluyente; 3) nacionalista; 4) centrada en tres pilares fundamentales: la ley, el templo, los sacerdotes. Por supuesto, Jesús se relacionó con el Padre del cielo y habló del Padre del cielo. Pero jamás habló de un Padre “excluyente” de gentes que tuvieran otras creencias o que procedieran de otras culturas. Ni tampoco habló Jesús de un Padre “nacionalista”, es decir, un Padre pensado para un pueblo y en el que ese pueblo (y nada más que ese pueblo) encuentra a “su Dios”.
Y tampoco, por supuesto, Jesús habló de un Padre ligado a las observancias de la Ley, al que se le encuentra en el Templo, y cuyos mediadores son los funcionarios de “lo sagrado”, los Sacerdotes, mediante sus ceremoniales, sacrificios, ritos y observancias. Nada de esto aparece, por ninguna parte, en el Nuevo Testamento. Y es bien curioso que cosas tan fundamentales, para la mentalidad eclesiástica actual, no se digan en ningún momento en todos los escritos o documentos fundacionales del cristianismo. Más bien, se afirma insistentemente todo lo contrario:
1) El Padre de Jesús no excluye a los pecadores, a los publicanos, a los samaritanos, al centurión romano, a la mujer siro-fenicia, a los extranjeros, a los presos, a los endemoniados, a los paganos, más aún, se trata de un Padre que trata a todos por igual, como hacen el sol o la lluvia, lo mismo a malos que buenos, lo mismos a justos que a pecadores. Evidentemente, este Dios no encaja en el esquema de ninguno de los “dioses monoteístas” que, desde los lejanos tiempos en que aún estaba vigente el henoteísmo, han justificado y fomentado, no ya sólo la exclusión, sino sobre todo la violencia contra los dioses falsos y sus fieles observantes.
2) El Padre de Jesús no tolera a los nacionalistas fanáticos, como quedó patente en el episodio de la visita de Jesús a Nazaret (Lc 4, 14-30). Allí, al leer el pasaje de Is 61, 1-2, Jesús habló del Dios que libera a los cautivos y oprimidos, pero suprimió la alusión al “día del desquite del Señor nuestro Dios”, referida a la victoria de Israel sobre los paganos (Is 61, 3). Y para que la cosa quedara enteramente al descubierto, cuando Jesús notó que todos se le ponían en contra (Lc 4, 22), insistió en su postura recordando los casos de Elías y Eliseo, cuando ambos antepusieron a personas extranjeras a los necesitados israelitas. Y sabemos que la reacción de los nacionalistas fue tan fuerte, que quisieron matar a Jesús allí mismo.
3) La religión de Jesús no se asienta ni tiene su consistencia en los tres pilares fundamentales de no pocas religiones, concretamente la religión que vivió Jesús en su tiempo:
a) La ley: Jesús dijo que no vino a abolirla, sino a llevarla a su “plenitud” (Mt 5, 17). Jesús planteó esta “plenitud” en dos direcciones contrapuestas, que podemos calificar como, la primera, línea de exigencia mayor y la segunda, línea de liberación mayor: Jesús impuso una mayor exigencia de la ley en cuanto se refiere a las relaciones humanas: no matar, sino ni insultar (Mt 5, 21-22); no adulterar, sino ni desear lo ajeno (Mt 5, 27-28; nada de desigualdad de derechos entre el hombre y la mujer (Mt 5, 31-32; 19, 1-12 par); no jurar, sino que sea suficiente la palabra humana (Mt 5, 33-37); no sólo se rechaza la ley del talión, sino generosidad sin límites (Mt 5, 38-42); nada de odio al enemigo, sino amor a todos sin distinción (Mt 5, 43-48); en definitiva, para Jesús, la plenitud de la ley es el amor (M t 7, 12; cf. Rom 13, 10).
Por el contrario, en la línea de mayor liberación, Jesús quebrantó insistentemente las normas religiosas relativas a la observancia del sábado (Mc 2, 23-27; 3, 1-6 par), al ayuno (Mc 2, 18-22 par), a las purificaciones rituales (Mc 7, 1-7), a las prohibiciones de alimentos (Mc 7, 14-19). b) El templo: Por lo que cuentan los evangelios, Jesús jamás acudió al templo para participar en las ceremonias sagradas o en el los sacrificios y el culto ritual establecido; cuando se habla de Jesús en el templo, es para hablar a la gente, ya que era el lugar de mayores concentraciones humanas en Israel; por otra parte, sabemos que Jesús le dijo a la mujer samaritana que ha llegado la hora en que los verdaderos adoradores no adorarán a Dios en templo alguno, sino “en espíritu y en verdad” (Jn 4, 21-24); pero, sobre todo, lo más fuerte, en la vida de Jesús, fue su acción violenta contra el templo, al que calificó como una “cueva de bandidos” (Mt 21, 13 par), un hecho escandaloso y que fue determinante, para la condena a muerte, en el juicio religioso (Mt 26, 61 par) y que fue lo que le echaron en cara a Jesús en las burlas ante la cruz (Mt 27, 40 par); por lo demás, Jesús había anunciado la total y definitiva destrucción y ruina del templo (Mt 24, 1-2 par); decididamente, el Dios de Jesús no está en el templo, sino en las relaciones humanas y, sobre todo, en el comportamiento de cada cual con los que sufren (Mt 25, 31-46). c) Los sacerdotes: la relación de Jesús con ellos, por los datos que nos dan los evangelios, fue, más que distante, de claro y durísimo enfrentamiento; con los “simples sacerdotes”, como sabemos por la parábola del buen samaritano (Lc 10, 31), y sobre todo con los “sumos sacerdotes”, que, cuando aparecen en los evangelios y en el libro de los Hechos, es para presentarlos, jamás como representantes de Dios, sino siempre como agentes de sufrimiento y muerte (Mc 8, 31 par; 10, 33 par) especialmente en la condena a muerte (Jn 11, 47-53) y en el relato de la pasión.
Conclusión: decididamente, la religiosidad de Jesús no se limita, ni se identifica con “lo sagrado”. Por el contrario, donde tiene su presencia y donde se realiza es en “lo laico”, lo que es común a todos los seres humanos, de forma que la religiosidad que nos enseñó Jesús es la religiosidad que no excluye a nadie, ni se enfrenta con nadie, sino que se vive, como la vivió Jesús, en la relación con el Padre, en la oración que se hace en la soledad de lo escondido, y poniendo la insistencia mayor en las mejores relaciones humanas que podemos tener con los demás. Después explicaré la razón última y determinante de la laicidad del cristianismo.
2. El Cristianismo como Religión de Occidente. Por razones históricas, que todos conocemos, el cristianismo no se expandió hacia Asia, sino que se insertó en las culturas mediterráneas, poniendo su centro en el centro del Imperio, en Roma. Así las cosas, pasó lo que tenía que pasar: paulatinamente, las comunidades cristianas se fueron configurando como grupos humanos, que vivían simultáneamente de la tradición del Evangelio y al mismo tiempo de la cultura de Occidente.
La consecuencia, inevitable y lógica, que esto ha tenido es que el Cristianismo que ha llegado hasta nosotros no es sólo el “recuerdo” de Jesús y la “forma de vida que nos trazó Jesús”, sino que, además de eso, es también la herencia de una cultura: la cultura greco-romana que configuró el Imperio. Como es sabido, el 28 de febrero de 380, los emperadores Graciano, Valentiniano II y Teodosio I formularon su proyecto: “Deseamos que todos los pueblos a los que gobierna la moderación de nuestra clemencia se mantengan en la religión que ha transmitido a los romanos el santo apóstol Pedro” (Cth XVI, 1, 2).
A partir de entonces, la “religiosidad de Jesús” y el “mensaje de Jesús” quedaron oficialmente deformados. El Evangelio comenzó a ser así la fusión del mensaje de Jesús con los dos grandes legados que nos dejó la cultura greco-romana: la filosofía helenista y el derecho romano. De forma que la Iglesia que ha llegado hasta nosotros es fruto, por supuesto, del Evangelio. Pero también es el resultado de una teología profundamente marcada por el pensamiento helenista; y un código legal marcado por el derecho romano.
Las consecuencias, que de todo esto se han seguido, no son fáciles de analizar. Y menos aún se pueden describir en el reducido espacio de este trabajo. En todo caso, debo llamar la atención sobre dos hechos que me parecen de especial relevancia para la Iglesia y para la vida cristiana: 1) Un pensamiento determinado más por la metafísica que por la historia, es decir, más preocupado por el “ser” que por el “acontecer” (B. Welte).
Por eso a la Iglesia y a su teología le interesa más, por ejemplo, saber quién es Dios o Jesús, que tener presente lo que sucede cuando Dios está presente o cuando Jesús es el que conduce nuestra vida. Esto ha tenido una influencia de enormes consecuencias, por ejemplo, en el dogma cristológico. Y, antes que eso, en el mismo “Credo” de la Iglesia. 2) Un derecho eclesiástico en el que el derecho romano ha dejado su marca en asuntos de enorme importancia, por ejemplo, la idea y la praxis del poder y la autoridad. Un idea que, tal como se entiende y se pone en práctica en la Iglesia, no se fundamenta en el Evangelio, sino en el derecho romano.
La conclusión de todo lo dicho es clara: el cristianismo “oficial” y la Iglesia institucional representan un hecho global inadaptado en la sociedad y en la cultura actual. Aquí vendrá bien recordar que la religión que ha tenido una duración más larga, en la historia de la civilización, es la primera de las religiones que conocemos, la religión de Mesopotamia. Pues bien, Jean Bottéro ha dicho, refiriéndose a esta antiquísima religión, que la edificaron sus devotos “a través de numerosas etapas, poco a poco, en perfecta coherencia con su propia manera de ser, de vivir, de ver y de pensar”.
Ahora bien, esto precisamente es lo que no tiene nuestro cristianismo “oficial”, ni nuestra Iglesia. El cristianismo que ve la gente y la Iglesia que ve la gente no están edificados en perfecta coherencia ni con la manera de pensar, ni con la forma de vivir de la gran mayoría de las gentes de nuestro tiempo. Por eso, desde no pocos puntos de vista, La Iglesia y su mensaje no interesa. Y, lo que es peor, con frecuencia provoca rechazo.
III. Cristianismo, laicidad y pluralismo
Como ya he dicho en el apartado anterior, el Evangelio es el gran relato de un conflicto. Por supuesto, el Evangelio nos habla de Dios, nos habla de Cristo, nos habla de la Religión y de las exigencias éticas que todo eso comporta. Pero nos habla esas cosas de forma que aquello desencadenó pronto un enfrentamiento, que se fue agravando hasta acabar en un conflicto mortal. Y - dando un paso más - este conflicto fue concretamente el conflicto entre Jesús y la Religión. Esto es lo que más destacan los cuatro evangelios.
Sabemos, sin duda, que la muerte violenta de Jesús estuvo condicionada por motivos políticos, como consta por el título que pusieron sobre la cruz; y por el hecho de que sólo el procurador romano era el que podía dictar pena de muerte en cruz. Pero, en todo caso, está fuera de duda que la decisión de matar a Jesús y la presión que se hizo para que muriera crucificado, todo eso, provino de los dirigentes religiosos, que llegaron a la convicción de que lo que Jesús transmitía y lo que ellos representaban eran dos cosas incompatibles.
El relato de Jn 11, 47-53 tiene, en este sentido, un valor histórico decisivo. Porque describe el momento en que se vio con toda claridad que era necesario y urgente tomar una decisión: o por el proyecto de Jesús o por el proyecto de los sacerdotes. Es decir, lo que allí se planteó con toda crudeza fue este dilema: o el Evangelio o la Religión.
Pero, antes de seguir adelante, conviene hacer dos advertencias: 1) No se le debe dar a este enfrentamiento una interpretación moralizante, en el sentido de explicarlo todo por la maldad de los dirigentes religiosos que se enfrentó a la bondad de Jesús. Analizando las causas del conflicto, se advierte que muchos de los dirigentes religiosos tenían que ser, sin duda, hombres de buena voluntad.
Pero lo que Jesús rechazó no fue la mala voluntad, sino hechos que dan pie a que uno proceda mal y encima tenga argumentos para justificar su mal proceder. Algo que suele ocurrir con frecuencia en no pocos ambientes religiosos. 2) No se le debe dar a este enfrentamiento una interpretación antijudaizante, en cuanto que puede haber motivos para pensar que el Evangelio es el enfrentamiento de Jesús con el judaísmo.
La Iglesia, su teología y su liturgia le han dado esta “interpretación antisemita” al conflicto y a la muerte de Jesús. Pero digamos abiertamente que esta interpretación nació de una conveniencia: a la Iglesia le convenía (y le conviene) cargar la responsabilidad sobre los judíos porque la Iglesia no estaba (ni está) dispuesta a aceptar que ella es la que ha convertido el Evangelio en Religión. A la Iglesia le va mejor con la Religión que con el Evangelio. Porque el Evangelio es una “memoria peligrosa”, mientras que la Religión es una “práctica privilegiada”. Dicho más claramente: el Evangelio lleva a la Iglesia a situaciones conflictivas, como le pasó a Jesús, mientras que la Religión sitúa a sus dirigentes en posiciones de privilegio, de poder, de dignidad y de seguridad.
Para comprender el significado y el alcance de este enfrentamiento y de esta incompatibilidad entre el Evangelio y la Religión, es enteramente necesario analizar, al menos sumariamente, dos cosas: 1) Lo que representa la Religión como conjunto de mediaciones a través de las cuales el ser humano pretende relacionarse con Dios. 2) Cómo el cristianismo entiende y se representa a Dios.
1. Las mediaciones de la Religión. Aquí hablamos concretamente de tres cosas que son fundamentales en la comprensión y en la práctica de la Religión:
1) La Ley: para el “hombre religioso”, la Ley divina es la voluntad de Dios, más aún, es la revelación enseñada por Dios a sus fieles. En Israel, es fundamentalmente la Torá, que consiste básicamente en el Pentateuco. En otras tradiciones religiosas, como es el casi del islam, la Ley se contiene en el Corán, un texto intocable, que no admite interpretación alguna. A partir de estos supuestos, la Ley se absolutiza.
Es decir, se constituye en un absoluto, que se antepone a cualquier otra cosa: de la misma manera que Dios está siempre y necesariamente por encima del hombre, lo divino por encima de lo humano, así también las obligaciones que impone la Torá están siempre por encima de las necesidades que brotan de la condición humana. La consecuencia inevitable de este planteamiento es que lo humano queda así supeditado siempre a lo divino.
Hasta el extremo de que, si es preciso, por asegurar la supremacía de lo divino sobre lo humano, se puede llegar a causar sufrimiento, marginación, exclusión y hasta muerte, con tal de garantizar la superioridad de lo divino sobre lo humano. Así las cosas, el conflicto de Dios con el hombre está asegurado. Y también, como es lógico, la violencia de la Religión, que se convierte así en motivo determinante de conflictos, divisiones, enfrentamientos, guerras y muerte.
2) El Templo: ya se entienda como hieros (“sagrado”) o como naos (“santuario” = el lugar donde habita la divinidad), supone siempre el espacio sagrado, que se contrapone al espacio profano. Así, la realidad queda dividida, partida y separada. De una parte, el lugar o sitio “donde está Dios” y, por tanto, “donde se encuentra a Dios”. Es, pues, el lugar del respeto, la reverencia, la dignidad, el privilegio. Y de otra parte, el espacio profano, laico, no-religioso, donde la gente vive y convive, trabaja, disfruta y sufre, se cansa y descansa, se quiere y se odia, produce, etc. Si el Templo es el lugar de Dios, la calle, la casa, el campo, la ciudad, son el lugar de la vida.
La consecuencia, que se sigue de lo dicho, es doble: a) ante todo, el Templo, al ser un lugar privilegiado, santo, donde Dios mismo está presente, por eso mismo puede convertirse en lo que, de hecho, se puede convertir (como ocurrió con el Templo de Jerusalén) en “una cueva de bandidos”; b) por otra parte, al ser el espacio propio del Altísimo, necesita una estructura y hasta una arquitectura que diferencia al Templo (donde habita Dios) de la casa (donde habita el hombre). De ahí la grandiosidad, la solemnidad, el boato y el lujo que suelen distinguir a tantos templos (catedrales…) De las humildes viviendas de la mayor parte de los simples ciudadanos.
Lo cual entraña dos consecuencias: 1ª) los templos son lugar de encuentro con Dios, de práctica religiosa, de respeto y observancia, en tanto que el espacio profano es lugar de encuentro con los demás seres humanos, de donde resulta que el encuentro con Dios y el encuentro con los seres humanos quedan separados, situados en ámbitos distintos y, con frecuencia, no tienen que ver el uno con el otro. 2ª) los templos ofrecen una representación de Dios de grandeza, de majestad, de poder, de solemnidad…, que poco tienen que ver con lo que son y viven la inmensa mayoría de los mortales. Los templos han alejado a Dios de los seres humanos. Y han representado a Dios de forma poco menos que inasequible para los simples ciudadanos.
3) Los Sacerdotes: de la misma manera que el Templo es el “espacio sagrado”, los sacerdotes son los “hombres consagrados”. Por tanto, hombres “puestos aparte”, es decir, “separados”. Y, por tanto, hombres privilegiados. Hombres, por tanto, dotados de un poder y de una dignidad que no está al alcance de los demás. Así, los fieles cristianos quedan - al igual que ocurre con el espacio - divididos en dos bloques: los “ordenados”, de una parte, la “plebe”, de otra. Y por tanto, los clérigos y los laicos.
Por eso, y como es lógico, la Religión, al dividir a los ciudadanos en dos clases o grupos, diferenciados de forma “esencial” y no meramente “gradual” (“essentia et non gradu”) (Conc. Vat. II. LG 10, 2), por eso mismo la presencia de la Religión en la sociedad se ve erizada de dificultades. Porque, a partir de estas divisiones, diferencias y privilegios de orden religioso, se suele hacer presente la tentación y la pretensión de exigir para los clérigos poderes y privilegios que no están al alcance de los laicos. Y bien sabemos que, en cuanto en una sociedad se introduce esta división de ciudadanos, las conflictividad está servida.
2. El Dios del Evangelio. El cristianismo, desde el primer momento (antes de que a los seguidores de Jesús se les llamara “cristianos”: Hech 11, 26), tuvo el atrevimiento de proclamar su fe en un “Dios crucificado”. Como es lógico, en una cultura en que la muerte en cruz era el “servile supplicium”, del que habla Tácito (Hit. 4, 11), el tormento que arrancaba el honor y la dignidad del “ciudadano romano”, como explica Cicerón en su diatriba contra Verres (In Verrem, II, 5, 64), porque era la más degradante de acabar con esclavos, extranjeros y subversivos contra el Imperio, evidentemente unir la palabra “Dios” con la muerte, y con la muerte en “cruz”, representaba una locura y una burla. Por eso nada tiene de extraño que la primera imagen de un crucifijo, de la que se ha podido tener noticia, es de hacia el año 200 (d. C.).
Y es una imagen blasfema. Porque se trata de un dibujo con graffiti, que se encontró (en 1856) en una de las dependencias de la servidumbre imperial en el Palatino de Roma. El tosco esbozo allí pintado representa a un hombre crucificado y con cabeza de burro. Debajo escribieron: Alesamenos sébete theom: “Alejandro adora a Dios”. Y es que, en tiempos del Imperio, un “Dios crucificado” era una burla tan impresentable, que sólo se podía representar como la adoración de un asno. Esto era tanto como afirmar la inversión total de la Religión.
Pues bien, estando así las cosas y en una cultura que podía unir de esa forma a Dios con la cruz, se comprende que san Pablo, en la primera carta a los corintios, explique a Jesucristo crucificado hablando de la “locura (morós) de Dios” y de la “debilidad (asthenés) de Dios” (1 Cor 1, 25), evidentemente no es el Dios “todopoderoso” (pantokrátor) al que confesamos en el Credo, según la conocida fórmula del concilio de Nicea (DH 125). Un Dios “débil” y “loco” no tiene sitio en nuestro sistema cultural, ni en nuestra escala de valores, ni en lo más elemental de nuestras convicciones religiosas. Por la sencilla razón de que hablar de esa manera de Dios, desde los criterios que conforman a una Religión, sea la que sea, es no sólo la mayor falta de respeto en que podemos incurrir, sino algo mucho más radical: eso equivale a negar a Dios y a burlarse de la Religión.
Por eso, seguramente, la mayor dificultad que tenemos los cristianos, para entender el cristianismo, es precisamente la Religión. Lo he dicho antes. Y tengo que insistir ahora en ello. Nosotros estamos familiarizados con la imagen de Cristo crucificado. Es más, no sólo estamos familiarizados con esa imagen. El problema está en que, además de familiaridad, ante Jesús crucificado, se movilizan en nosotros los sentimientos más nobles y más profundos: respeto, admiración, devoción, piedad, generosidad, esperanza. Y todo eso, por supuesto, es perfectamente comprensible.
Pero es comprensible porque siempre nos han dicho que un crucifijo es una “imagen religiosa”, cuando, en realidad, Jesús colgado en una cruz, fuera de las puertas de la “ciudad santa”, fue históricamente algo que no tuvo que ver absolutamente nada con la Religión. Peor aún, si los sumos sacerdotes tuvieron tanto empeño en que no bastaba matarlo, sino que era necesario crucificarlo (Jn 19, 6. 15-16; Mt 27, 22-26 par), eso sucedió así porque los sacerdotes vieron que el rechazo más radical, que la Religión podía hacer del Evangelio, se realizaba precisamente colgando a Jesús de un cruz. No hemos entendido la cruz porque no hemos entendido el Evangelio. Lo que, en último término significa que, en realidad, lo que no hemos entendido es el Dios del Evangelio, el Padre de Jesús.
Pero aún queda lo más importante por decir. En el conocido himno de la carta a los filipenses, san Pablo dice que Jesús, “a pesar de su condición divina, no se aferró a su categoría de Dios; al contrario, se vació de su rango y tomó la condición de esclavo, haciéndose uno de tantos” (Fil 2, 6-7). Pablo utiliza aquí la palabra griega kenos, que significa “vacío”, ya que el verbo kenoô significa “vaciar”. Pablo afirma, por tanto, que el Dios de los cristianos es un “Dios kenótico”, un Dios “vaciado de Sí mismo”. Tengamos en cuenta que, en Jesús, quien se despoja de su rango y se vacía de sí mismo, es Dios. Esto no quiere decir, no puede decir, que Dios, durante la vida terrena de Jesús, dejó de ser Dios. Lo que Pablo quiere decir es que la morphé Theoú se cambio en morphé douloú (Fil 2, 6-7).
La palabra griega morphé significa “forma” o “manifestación visible” (W. Pölmann). Por tanto, Pablo nos viene a decir que el Dios, que se nos da a conocer en Jesús, sólo se hace presente en “forma de esclavo”. Lo cual nos lleva derechamente e inevitablemente a la conclusión siguiente: Dios ha renunciado a toda grandeza, a toda majestad, a toda expresión de poder. Porque un esclavo es la negación total de todo lo que sea grandeza, majestad o poder. Y advierto que aquí es decisivo comprender que la exaltación de la que habla Pablo, al final del himno (Fil 2, 9-11), no es la anulación de la kenosis, para que todo quede como estaba antes de la existencia terrena de Jesús.
Es la afirmación de que la presencia de Dios, “en forma de esclavo”, ésa es la forma definitiva que Dios ha asumido, sin vuelta atrás. Porque la forma humillada del que no puede pretender imponerse a nadie, ésa es la forma de presencia divina que Dios ha exaltado para siempre. El Dios kenótico que se nos ha dado a conocer en el Cristo kenótico nos viene a decir que a Dios sólo lo encontramos en lo kenótico: en la forma de vida del que se vacía de toda pretensión de grandeza, de majestad o de poder y dominación.
Conclusión: todo esto no es masoquismo, es humanidad. Lo kenótico es lo sencillamente humano. Aquello en lo que todos los seres humanos coincidimos, en lo que todos los humanos nos igualamos, lo que es común a todos, es decir, lo laico. De donde resulta que la conclusión a la que llegamos es que al Dios de Jesús, al Dios del cristianismos, lo encontramos, ante todo y sobre todo, en la laicidad: en la sociedad laica, en el Estado laico, en las instituciones laicas.
Porque ese modelo de sociedad, ese modelo de Estado, ese modelo de instituciones, no nos separan, ni nos dividen, ni nos enfrentan, sino que nos hacen coincidir a todos en la misma dignidad, en los mismos derechos, en la misma categoría. La categoría que salió de las manos de Dios, la categoría humana. Y no las “otras categorías”, que no vienen ya de Dios, sino que las hemos inventado los hombres: las categorías culturales, las categorías religiosas, las categorías sociales, las categorías políticas y todas las malditas categorías que nos hemos sacado de la manga, para imponernos unos a otros o, lo que es más grave, para enfrentarnos a los unos con los otros.
Al llegar a este punto, resulta inevitable hacer una referencia a la forma, visible y a la imagen externa, desdela que la Iglesia y sus dirigentes pretenden “representar” al Dios de Jesús. Es evidente que, si tomamos en serio la teología de los evangelios y de Pablo, el Dios kenótico no puede ser presentado y representado desde el boato, el lujo, la grandiosidad y el poder desde los que el clero pretende “representar” y “hacer presente” al Dios de Jesús en el mundo. No estamos hablando de una cuestión marginal. Al decir estas cosas, estamos tocando el fondo.
IV. Cómo vivir este cristianismo
Aquí me limito a hacer algunas propuestas conclusivas. Entre otras, me parece que se pueden presentar las siguientes:
1. Promover y fomentar, como las actitudes más básica y más fundamentales en la vida, el respeto y la tolerancia. Respeto y tolerancia con todos, sean del origen que sean, de color que sea, y tengan la mentalidad, la nacionalidad, las creencias, las costumbres o la forma de vida que tengan. Respeto es dejar vivir. Dejar que cada uno sea el que es, y que sea como es. Sin echar nunca nada en cara. Sin pasar facturas por los servicios prestados. Teniendo sólo el orgullo de que los demás sean como son.
Y luchando, en todo caso contra el fanatismo, cuya esencia consiste, como se ha dicho muy bien, “en el deseo de obligar a los demás a cambiar” (Samuel Oz). No olvidemos que “fanatismo” y “fanático” son términos que proceden del latín fanum, que, en la religión romana antigua, era el “lugar sagrado”. Por eso se comprende que “pro-fano” es lo que está fuera del fanum, es decir, al margen de “lo sagrado”. Así, la etimología nos enseña que la intolerancia y el fanatismo tienen su explicación última en la Religión. Una persona religiosa o que “sacraliza” sus ideas, sus convicciones, sus intereses, he ahí una persona intolerante, fanática, que irá por la vida faltando al respeto a todo el que no se somete a sus ideas y sus intereses.
Esto nos pone en la pista para descubrir la urgente necesidad que tenemos de trabajar por una sociedad laica y una convivencia laica. Pero, sobre todo, esto nos hacer caer en la cuenta de que, afectivamente, solamente en lo laico, y desde lo laico, es posible vivir el cristianismo. Tenía razón Dietrich Bonhoeffer, cuando en los años de la segunda guerra mundial, se preguntaba: “¿Cómo es posible que Cristo pueda hacerse Señor de los irreligiosos? ¿Hay realmente cristianos sin religión? ¿Qué es un cristianismo irreligioso?” Y el mismo Bonhoeffer se respondía con esta afirmación tan profunda como desconcertante: “El pecado del hombre no está en su caída en lo real, ino en su huida a lo ideal”.
2. La espiritualidad de los derechos humanos. Al decir esto, no niego la vigencia y la importancia de las espiritualidades tradicionales. Lo que digo es que no pocas de las corrientes de espiritualidad tradicional ya no son suficientes para responder a las demandas de los tiempos en que vivimos. Estamos de acuerdo en que estamos atravesando, en no pocos ambientes, un largo desierto de espiritualidad. Necesitamos, por supuesto, revitalizar las espiritualidades clásicas.
Con tal que las purifiquemos del lastre de ideales helenistas, puritanos o tremendistas que no pocas prácticas espirituales arrastran. Pero, sobre todo, necesitamos caer en la cuenta e integrar en nuestras vidas este proyecto fundamental: la Declaración de los Derechos Humanos, de 10. XII, 1948, es el proyecto de espiritualidad más urgente y más exigente que podemos asumir en este momento. Esto quiere decir que la espiritualidad cristiana se basa en el proyecto fundamental que consiste en fomentar y exigir, antes que los deberes, los derechos de las personas. Las religiones han inculcado siempre los deberes y obligaciones que hay que observar.
Y no han insistido apenas en los derechos cívicos y de convivencia. Ahora bien como acertadamente hizo notar J. Feinberg, un sistema moral o espiritual basado más en la imposición de deberes que en la defensa de derechos desemboca en un sistema “moralmente empobrecido”, ya que en él las personas no pueden sostener las demandas que un sistema de derechos hace posibles. En un sistema de deberes, las personas desarrollan un carácter más servil, un espíritu de sumisión, de aguante y mutismo, que es capaz de tolerar, con buena conciencia, las mayores atrocidades y agresiones. Por el contrario, las personas que gozan de derechos y son conscientes de ellos, están menos inclinadas a desarrollar caracteres de servilismo, los caracteres de las pobres gentes que se ven forzadas a asegurar sus necesidades implorando o suplicando “favores” del amo, del patrono, del superior o del jerarca que los gobierna.
De todo lo cual se sigue una consecuencia enteramente básica: el respeto a la persona es equivalente al respeto a sus derechos (J. Feinberg; J. Raz). Las religiones hablan con frecuencia e insistencia en el ideal del amor y la caridad. Pero, ¿cómo se puede hablar seriamente de amor donde no se respetan los derechos fundamentales de las personas a las que decimos que amamos? Sólo cuando aceptemos y pongas en práctica el respeto a la igualdad y dignidad de todos los seres humanos por igual, sólo entonces podremos empezar a hablar de amor. Todo lo que no sea eso, es palabrería vacía y mentira pura y dura.
3. Mostrar y explicar nuestro desacuerdo con los privilegios de los que goza la Iglesia católica en España. Más aún, no se trata sólo de un desacuerdo, sino sobre todo de una protesta. Porque pensamos que los Acuerdos Iglesia - Estado de 1979 no se pueden adecuar con los postulados básicos de la vigente Constitución Española. El hecho sociológico de la mayoría de ciudadanos, que por motivos históricos se reconocen católicos, no justifica la mención que se hace de la Iglesia católica en el artículo 16, 3 de la Constitución. La experiencia de los últimos cuarenta años nos enseña que esa mención se ha utilizado para justificar los privilegios legales, económicos, docentes… de que goza la Iglesia en nuestro Estado aconfesional.
Y la misma experiencia nos dice que tales privilegios son motivo de constantes problemas y conflictos, que dificultan la convivencia ciudadana y, de hecho, dividen y hasta, en algunos casos, enfrentan a los españoles. Pero, más allá de estos aspectos legales (que son enteramente básicos), resulta evidente que no podemos estar de acuerdo con la doctrina de la “sana laicidad”, que el papa Benedicto XVI defendió, desde el comienzo de su pontificado, y que formuló con toda claridad en su primer discurso ante el presidente de la República Italiana, el 24 de junio de 2005.
El pensamiento del Pontífice se basa en el criterio según el cual los principios éticos “encuentran su último fundamento en la religión”. Porque “la autonomía de la esfera temporal no excluye una íntima armonía con las exigencias superiores y complejas que se derivan de una visión integral del hombre y de su destino eterno” (L’Osservatore Romano, 25.VI.05, pg. 5). Como es lógico - y dado que “los principios éticos” abarcan la vida entera -, el papa viene a afirmar que toda la vida (pública y privada) tiene, más allá de los deberes cívicos, un deber de referencia (¿sumisión?) a la religión.
Lo que, en última instancia, equivale a defender que el ciudadano tiene que someterse, más allá del Estado, a la Iglesia. Lo que equivale a reconocer que, por encima de los poderes del Estado, están los poderes de la Iglesia.
Bibliografía
MARCEL GAUCHET, La religión de la democracia, Madrid-Barcelona, El Cobre, 2003.
JUAN ANTONIO ESTRADA, El cristianismo en una sociedad laica, Bilbao, Desclée, 2006.
SALVADOR GINER, Carisma y Razón: la estructura moral de la sociedad moderna, Madrid, Alianza, 2003.
JOSÉ M. CASTILLO, La humanización de Dios, Madrid, Trotta, 2009.
HANS KÜNG, El cristianismo. Esencia e Historia, Madrid, Trotta, 1997.
J. D. CROSSAN, J. L. REED, En busca de Pablo. El Imperio de Roma y el Reino de Dios frente a frente en una nueva visión de las palabras y el mundo del apóstol de Jesús, Estella, Verbo Divino, 2006.
GERD THEISSEN, El Movimiento de Jesús. Historia social de una revolución de valores, Salamanca, Sígueme, 2005.
RAFAEL AGUIRRE, Del Movimiento de Jesús a la Iglesia cristiana. Ensayo de exégesis sociológica del cristianismo primitivo, Estella, Verbo Divino, 2009.
FRÉDÉRIC LENOIR, El Cristo filósofo, Madrid, Ariel, 2009.

martes, marzo 09, 2010

Terremoto

Me encontré el texto que va a continuación en la internet, y decidí publicarlo aquí porque creo que es una voz que merece ser escuchada.

"Mi pueblo arde en las plazas públicas y las veredas, aterido por la
inclemencia telúrica que cayó como una maldición en medio de la noche del 27
de febrero.

Mi pueblo es noble y sencillo. Como todos los pueblos del mundo.
Sus madres persiguen el alimento para sus hijos. Así la noche agazapada
huele a calor y hace invisible los terrores infantiles.
Es cierto, mi pueblo no está organizado como el ángulo matemático de las
estructuras. Pero paulatinamente se despereza de tantos años de gorilas,
primero, y luego de los administradores del egoísmo y la competencia bruta y
la concentración de la riqueza.

En medio de mi pueblo hay delincuentes, gente sin salida que busca el dinero
perverso con el deseo secreto de ser rica un día -en el sentido de acumular
muchas más mercancías que las precisas para vivir decorosamente y también
ser famoso y dominar a otros-. Pero mi pueblo, los millones que trabajan sin
contrato por un salario que alcanza apenas para endeudarse, son la mayoría.
Mi pueblo no es sinverguenza, ni ladrón, ni asesino. Y los que delinquen son
una fracción fabricada por la miseria y la ignorancia. Los medios de
comunicación de masas en Chile, especialmente la televisión, están bajo
control absoluto de la minoría privilegiada que manda en la economía, en la
política y que es dueña del Estado. Por eso mi pueblo siempre aparece en las
pantallas como víctima sin vuelta o victimario, y los poderosos como gente
de bien. Y la televisión -la recreación más barata que tiene mi pueblo- es
el modo de domesticar, construir temor ambiental y opinión pública siempre
favorable a la visión de las cosas que tienen los que poseen todo. Al
respecto, la iglesia oficial y la educación formal no se quedan atrás.

En Chile los militares son la guardia armada de los intereses del capital y
de la propiedad privada. Por eso en la hora de la desgracia y el terremoto,
la oficialidad y la tropa ordenada por la oficialidad, es destacada para
custodiar los supermercados y no para ponerse al servicio de los dolores de
mi pueblo. Siempre resulta una paradoja extraña que la tropa, que es tan
pueblo como el que más, se ponga del lado de la minoría.

Chile no es un país desarrollado. El terremoto devastó también el avisaje
publicitario edificado por los poderes para el turismo financiero y el
inversionismo transnacional. Chile sólo es exportador de cobre, un poco de
madera, pescado, uvas y plataforma de negocios para la región. Es despojado
de sus recursos naturales por fuerza y decreto. En Chile ni siquiera queda
industria textil. El 60 % de los trabajadores vende algo para vivir y está
subcontratado o simplemente no tiene contrato, ni seguridad social. El 80 %
se atiende en el espanto de los hospitales públicos -cuyos trabajadores son
mártires-, y educa a sus hijos, pagando lo que no tiene, a una enseñanza
particular privada pobremente subvencionada por el Estado, la cual sólo
repite hasta el hartazgo, las distancias de clase. Porque Chile es una
sociedad de clases, y una de las más desiguales del planeta.
Pero mi pueblo también apura su armadura cuando las crisis económicas y
naturales le golpean el pecho. Entonces se solidariza, se encuentra en la
calle, se reconoce de a poco otra vez, se esperanza, se conduele y de tanto
buscarse, comienza a espejearse en el otro como un igual.

Mi pueblo tiembla de ternura cuando está en apuros y entonces sus trozos
empiezan a reunirse. Mi pueblo es noble y sencillo. Como todos los pueblos
del mundo. Y aunque la televisión ensucie su pantalla con saqueos editados
convenientemente para los intereses de los pocos, e incluso, aunque una
fracción de mi pueblo habite la puerta mugrosa e individual de la
delincuencia, hoy estuve en la calle con gente que acampa en las
calles de Santiago viejo, viendo a cantores populares y aplaudimos un documental
proyectado contra una pared sobre unas mujeres colombianas y pobres que se
autoorganizan ejemplarmente en ese territorio tan vasto y dolido.

Cuando usted observe o tenga noticias de mi pueblo no olvide, y es un pedido
colectivo, que ha sido muy magullado por asuntos bien conocidos, pero que
está hecho de materiales sensibles, amorosamente desordenados, igual que el
pueblo suyo."

Marzo 3 de 2010

martes, diciembre 08, 2009

LOS RETOS DE LA TEOLOGÍA EN EL SIGLO XXI

Nuestro punto de partida será la distinción entre religión y evangelio. El cristianismo no es originalmente una religión y Jesús no fundó ninguna religión. Más tarde los cristianos fundaron la religión cristiana, creación humana y no divina.

La religión es producto de la cultura humana. Hay una gran variedad de religiones, y todas tienen la misma estructura aunque muy diversas en su forma exterior. Todas tienen una mitología, un culto y una clase dedicada a su ejercicio. En eso la religión cristiana no es diferente de las demás. Ella también es creación humana, producto de diversas culturas. La religión es una realidad básica de la existencia humana. Plantea los problemas del sentido de la vida en esta tierra, el problema de los valores, el lugar del ser humano en el universo, y el problema de la salvación de este mundo de todos sus males.

La religión ha sido muy estudiada por la antropología religiosa, por la sociología religiosa, por la sicología religiosa, por la historia de las religiones. Todo eso ilustra también la religión cristiana. Por ser creación humana, la religión cristiana ha cambiado y puede todavía cambiar en el porvenir según los cambios de la historia. Este es incluso uno de los grandes desafíos de la hora presente, porque la religión cristiana está agotada y no ofrece respuesta a la orientación de la cultura actual, salvo restos del pasado.

El evangelio de Jesús no es una religión. Jesús no fundó ninguna religión: no proclamó una doctrina religiosa o una mitología, ningún discurso sobre Dios, no fundó ningún culto y no fundó ninguna clase clerical. Jesús proclamó e inauguró el reino de Dios en la tierra. El Reino de Dios no es ningún reino religioso, es una renovación de toda la humanidad, realización que cambia el sentido de la historia humana, abriendo una nueva época, la última. Es un mensaje para toda la humanidad en todas sus culturas y religiones. Se podría decir que es un mensaje y una historia meta-política.

Puesto que los seres humanos no pueden vivir sin religión, los discípulos de Cristo durante 2000 años construyeron una religión que fue como el revestimiento del mensaje cristiano, con el peligro de transformar el cristianismo en una religión. El revestimiento religioso puede ocultar el mensaje del evangelio o puede conducir a ese mensaje según la evolución de la historia. En muchos casos la religión ocultó el evangelio. Los cristianos enunciaron una doctrina que usó muchos elementos del judaísmo o de las religiones no cristianas ni judías, crearon un culto de la misma inspiración y crearon todo un sistema jurídico que encuadra una institución muy compleja.

Podemos decir que la historia del cristianismo es la historia de una tensión o de un conflicto entre religión y evangelio, entre una tendencia humana hacia la religión, y las voces o las vidas de los que querían vivir según el evangelio.

Las religiones son conservadoras y creen en un mundo permanente en el que todo recibe una explicación religiosa. La religión cambia inconscientemente pero resiste ante cualquier solicitación de cambio voluntario. Muchos cristianos y estructuras cristianas luchan sin saberlo contra el evangelio. Hay algo de verdad en lo que decía Charles Maurras, ateo francés del siglo XX, cuando decía que felicitaba a la religión romana por haber sacado del cristianismo todo el veneno del evangelio. Es un poco exagerado pero sugestivo.

El evangelio es cambio, movimiento, libertad. No puede aceptar el mundo que existe, porque tiene que cambiarlo. El evangelio es conflicto entre ricos y pobres. Es opción entre ricos y pobres. En la religión ricos y pobres son parte de la armonía general. Son así porque tiene que ser así, aunque los ricos tengan que ayudar a los pobres sin cambiar esa estructura creada por Dios o por los sustitutos de Dios. La religión quiere paz, aunque sea con alianza con los poderosos. El evangelio quiere conflicto.

La tarea de la teología es mostrar la distinción, buscar lo que es el evangelio y todo lo que se añadió y puede o debe cambiar para ser fiel a ese evangelio. Es libertar el evangelio de la religión. La religión es buena si ayuda a buscar el evangelio y no a olvidarlo bajo el revestimiento religioso. Es una necesidad humana pero tiene que ser investigada y corregida.

La teología está al servicio del pueblo cristiano o aun no cristiano, para que conozca el verdadero evangelio y pueda llegar a la fe verdadera y no a un sentimiento religioso. Durante siglos la teología estuvo al servicio de la institución para defenderla de las herejías o de los enemigos de la Iglesia. Así fue después de Trento hasta el siglo XX y en muchas regiones hasta Vaticano II. Fue apologética, arma intelectual en el combate contra las Iglesias reformadas y toda la modernidad, al servicio de la jerarquía. De cierto modo era un arma dirigida contra los laicos para que no se dejaran seducir por los enemigos de la Iglesia. Hasta Trento la teología era comentario de la Biblia, libre, abierta a todos, como trabajo intelectual gratuito. La Reforma partió de teólogos y entonces la teología estuvo bajo el control estrecho de la jerarquía.

1. Dios

La mayoría de los católicos entiende por la palabra Dios, una idea de Dios común a toda la humanidad con formas diferentes. Dios sería un Dios cósmico. Está dentro del cosmos como su creador o su ordenador. Es todo-poderoso, eterno, omnisciente, capaz de castigar o de recompensar, sensible a las oraciones y exigente de sacrificios y donaciones. Hay que pedirle perdón y pagar ese perdón por varias prestaciones. Es parte del universo al nivel más alto, sentado en el cielo de donde dirige el mundo entero. Es el autor del orden o de lo que los seres humanos llaman orden del mundo y que en realidad es el desorden del mundo. No quiere que se cambie ese orden.

Creen que conocen a Dios y no lo conocen. Conocen apenas una idea común a toda la humanidad bajo muchas formas diferentes. No conocen a Dios, porque a Dios nadie jamás lo ha visto y nadie sabe lo que es. Se creen que lo conocen, se equivocan y engañan a los demás.

2. La revelación

Dios se dio a conocer en Jesucristo. Anunció esa revelación por los profetas, pero no se había revelado. Se dio a conocer en la vida de Jesús. Jesús no lo dio a conocer por medio de palabras, discursos o de doctrinas. No ha hecho nada de eso. Nunca dijo lo que era el Padre en forma teórica. En eso hace caducar cualquier discurso sobre Dios y cualquier teología que son construcciones humanas. Suponen que ese discurso expresa lo que Jesús quiso decir y no dijo. Es un error. Si no lo dijo, ese mismo silencio ya es una revelación.

La Palabra o la revelación de Dios se hizo carne. No dijo hombre porque hombre es una categoría ambigua. ¿Qué es ser hombre? La doctrina oficial de la Iglesia se inspira en las categorías griegas que usaron los grandes Concilios que hablan de dos naturalezas en Jesús: la divina y la humana. Jesús tendría una naturaleza humana. Pero la palabra naturaleza no dice nada de lo que Juan quiere decir. Jesús era carne, lo que significa una vida humana con toda su debilidad, expuesta a todos los accidentes del mundo material, una vida hecha de esperanzas, ilusiones y desilusiones, proyectos, éxitos y fracasos, hecha de alegría y tristeza, que finalmente termina en la muerte. La carne es todo eso y mucho más.

La Palabra se hizo carne, o sea Dios se hizo carne. Esto significa que Dios abandonó todo su poder y se hizo débil como cualquier ser humano. Ni siquiera aceptó lo que lo que es poder en la sociedad humana. Dios se hizo pobre, laico, sin dinero, sin poder político, sin poder cultural. Se hizo un campesino de Galilea, provincia maldita por los judíos fieles a la ley. Dios es débil, conoce el sufrimiento, la persecución, la muerte infamante de la cruz. El Padre no se separa nunca del Hijo. El uno está en el otro.

¿Dónde está la revelación de Dios? Está en la vida de Jesús, primero en el proyecto global de su vida. Jesús tenía un proyecto bien definido que expuso en todas sus acciones y sus palabras. El proyecto es un cambio radical de toda la humanidad en vista de una humanidad justa y fraterna. En este proyecto constan: la declaración de obsoleta de la religión de Israel para volver a las promesa de Abraham; la polémica contra las autoridades que quieren mantener el sistema judaico hasta el conflicto final que desemboca en la cruz. La cruz es la conclusión final de la lucha contra los defensores de la ley tradicional del judaísmo. Además, Jesús da las señales de la nueva humanidad por el cuidado de los enfermos, el privilegio de los dominados y las víctimas acusados de ser pecadores, la elección de un grupo de discípulos encargados de comunicar el evangelio en el mundo entero; las señales de apertura hacia los paganos y los herejes samaritanos; el reemplazo de la ley por la libertad. Jesús quiere una humanidad libre. Pablo resume muy bien cuando define el cristianismo como llamado a la libertad. Lo que hizo Jesús revela al Padre. No podemos leer las páginas del evangelio fuera de su contexto global que es el proyecto de vida de Jesús.

3. La libertad de Dios

La libertad de Dios se muestra en esto que hace abandono de todo poder. La vida de Jesús es sin poder, no se impone, no condena, no obliga, programa que fue el de dom Helder cuando llegó a Recife: dos palabras prohibidas, mandar y exigir. Jesús muestra el camino andando como lo hace. Viene a abrir el camino hacia una humanidad libre. En ese camino no hay ningún poder. Actúa libremente sin miedo, resiste las tentaciones de poder del Satanás, entra en conflicto con todas las autoridades sin miedo y con la mayor audacia. Dios respeta la libertad de los seres humanos y con eso les abre el camino a la libertad para que sigan ese camino. La cruz muestra el camino de la libertad: mejor morir que matar. Cree en la eficacia de la muerte porque sabe que Dios pasa por el camino de la libertad sin dominación. La fuerza de Dios está en el testimonio y en el amor a los rechazados, pecadores, víctimas, pobres en general. Esas son sus fuerzas. Es un Dios muy diferente de los dioses imaginados por las religiones, incluso por la religión cristiana.

La libertad procede del amor y el amor procede de la libertad. Amar es hacer hombres y mujeres libres o más libres. La libertad consiste en amar. Para amar es necesario ser libre. Los seres humanos son prisioneros de su individualismo, de su preocupación por sí mismos que es lo que impide el amor. Dios es amor porque hace otros libres. En eso consiste su amor. El es libre y quiere que los seres humanos sean libres también.

4. La liberación de los hombres y mujeres

La historia de la humanidad es historia de la libertad. Pues los seres humanos no nacen libres, nacen dentro de una sociedad de dominación y explotación. Hay hombres y mujeres que dominan a otros y les someten a su voluntad, al servicio de su riqueza, de sus privilegios, de su poder. Hay una inmensa masa de hombres y mujeres dominados, explotados, excluidos para que otros puedan dominar y crecer. Por eso, la historia es una lucha constante y siempre repetida de los poderosos para imponer su dominación a los dominados, y los dominados luchan o tratan de luchar para defender su subsistencia, y conquistar algo de libertad.

Todas las religiones ofrecen una imagen de la humanidad como algo fijo, estable, positivo globalmente, inmutable, creación de Dios. Querer cambiar es estar contra Dios. La religión cristiana ha enseñado eso por lo menos desde el 4° siglo y ya antes. La religión no acepta otro conflicto que no sea conflicto de las religiones. Para Jesús el conflicto no es de religiones, es el conflicto de dos clases, los dominadores y los dominados. Por eso Michel Henry, filósofo cristiano contemporáneo puede decir que el primer filósofo cristiano fue Karl Marx. Los filósofos griegos fueron filósofos del ser, del orden del ser, tanto Platón como Aristóteles. En lugar de ser buenos servidores de la teología, la apartaron del evangelio.

La dominación personal, grupal, estructural es el pecado que existe desde los orígenes de la humanidad. No es una obligación, pero todos los seres humanos contribuyen para mantener esas estructuras de dominación. Es un pecado de todos y es el pecado del mundo que tiene tanta fuerza en la humanidad que los seres humanos no pueden libertarse de esa dominación del pecado por sí solos. Son víctimas del pecado y pecan por sumisión al pecado universal. Jesús viene a libertar a los seres humanos de la esclavitud del pecado. El poder es la gran tentación: en lugar de ser servicio se transforma en dominación. Por eso, Dios no manifiesta ningún poder porque ha renunciado a todo poder de dominación o imposición. Jesús está libre del pecado porque no domina, no acepta ninguna forma de dominación.

5. El lugar de los pobres en la liberación

Todas las religiones predican que hay que ayudar a los pobres. La limosna es sumamente estimada en todas las religiones. El evangelio dice otra cosa.

El evangelio se dirige a los pobres porque ellos son los llamados a liberar a la humanidad. No dominan y por eso pueden ser libres. Pueden porque hay algunos que hacen todo lo posible para poder dominar también. Pero son muchos los que no aspiran a dominar y tratan de amar a su prójimo. Son ellos los que constituyen el pueblo con su palabra, su testimonio, sus acciones colectivas, su voluntad de libertad. La liberación de la humanidad no viene desde arriba hacia abajo, sino más bien desde abajo hacia arriba.

Esta es la locura de Dios de la que habla Pablo. Dios ha elegido lo más débil para destruir el poder de los más fuertes. De los pobres nace la nueva humanidad, de todos los que no quieren dominar y tratan de amar. Pueden ser cristianos o no, no importa. Pueden ser ateos, porque el Espíritu Santo viene a todos.

Los pobres encuentran una tremenda resistencia de los poderosos: pasan por la cruz, pero tienen la promesa de la victoria de la resurrección.

El gran desafío es convencer a los pobres de que tienen la fuerza del Espíritu para seguir el camino de Jesús y son capaces de construir un mundo nuevo, aun sin dinero, sin poder político, sin poder cultural. Pues los pobres tienen una conciencia de impotencia, de miedo, de sumisión a los grandes. La tarea de los discípulos de Jesús será la de animar y convencer a los pobres para que tengan la fe. Pues la fe no consiste en aceptar una doctrina universal válida para todos. Semejante doctrina no mueve a nadie. Sería solo una sumisión a un sistema de conceptos. La fe es creer que yo soy capaz de seguir el camino de Jesús y de construir un mundo nuevo por la fuerza del Espíritu a pesar de toda mi debilidad. Esa fe es muy difícil por supuesto, pero la mayoría de los católicos no tiene fe. Aceptan todos los dogmas, pero no tienen fe.

B. TAREAS DE LA TEOLOGÍA EN EL SIGLO XXI.

La tarea principal y de cierto modo única es el estudio crítico de toda la tradición cristiana, para volver al evangelio. Se trata de redescubrir lo que realmente fue revelado en la vida y la muerte de Jesús. No se trata de destruir la religión. Sería inútil porque los seres humanos necesitan una religión y si se suprime ella reaparece en otras formas. El problema consiste en saber todo lo de la religión que ya no es comprensible ni aceptable en la nueva cultura moderna que entra en todas las religiones. Habrá que buscar lo que es realmente comprensible y significativo y puede ser un revestimiento aceptable del evangelio. Veamos los elementos de la religión.

1. La doctrina o la mitología

Jesús no formuló ninguna doctrina. Habló por medio de metáforas, narraciones, parábolas, sentencias, consejos, observaciones sobre la experiencia del momento. Ese medio de expresión es popular, es el medio de los pobres. Si Dios se expresó en esa forma, no lo hizo por distracción o por adaptación a un supuesto intelecto inferior de los pobres. Lo usó porque ese modo de expresión es menos riguroso, menos impositivo, menos limitado. Una doctrina siempre está marcada por una época, una cultura limitada en el tiempo y el espacio. El lenguaje metafórico conserva su sentido en medio de muchas culturas. Carece de la precisión que tienen los conceptos. Si Dios lo hizo así es porque lo escogió como el medio de expresión mejor posible. Si ese lenguaje no tiene la precisión de los conceptos abstractos es porque Dios no quería esa precisión. Las expresiones de Jesús permiten varias interpretaciones y Dios lo quiso así. No quiso que sus discípulos fueran prisioneros de una doctrina.

Más tarde la Iglesia definió en forma de conceptos muchas veces sacados de la filosofía griega una doctrina obligatoria. Impuso una interpretación rígida del evangelio. Los dogmas han sido siempre una causa de dudas, problemas, resistencias porque no todos aceptaban esa disciplina del pensamiento que Jesús no había impuesto.

La tarea de la teología será liberar el evangelio de la rigidez del dogma. Habrá que examinar críticamente todos los documentos del magisterio. Desde Trento los teólogos dieron habitualmente la interpretación maximalista de los dogmas. Necesitamos volver a una interpretación minimalista ¿qué es lo que el evangelio realmente impone? Además los dogmas actúan históricamente por lo que no dicen. Los 4 primeros concilios concentran todo en los conceptos de persona y naturaleza. Dejaron de lado la vida humana de Jesús. Por eso la vida humana de Jesús dejó de ser durante siglos motivo de reflexión de los cristianos. Tomás de Kempis pudo escribir un libro sobre la Imitación de Cristo, sin ninguna alusión a la vida humana de Jesús. ¿Qué Cristo es ese? Los dogmas ocultaron la vida humana de Jesús durante siglos. En Trento no se habló de la fe en sentido bíblico, sino de una fe religiosa que no es cristiana. La conclusión fueron siglos de incomunicación entre católicos y protestantes, lo que podía haber sido evitado.

Los dogmas fueron definidos por Papas u obispos. Pero ellos no representan necesariamente a todo el pueblo cristiano, como si el Espíritu no estuviera también en el pueblo. Hubo concilios que dividieron profundamente y expulsaron de la Iglesia a sectores inmensos: las Iglesias de Siria, de Egipto y de todo el Oriente, sin hablar de los protestantes. Dentro de las asambleas hubo disensiones que no eran herejías. Por ejemplo en el Vaticano I. Esto fragiliza las definiciones. Todo eso es objeto de la teología.

Por supuesto la misma teología es sospechosa a la luz del evangelio y tiene que examinarse críticamente para ver si ayuda a la comprensión del evangelio o lo oculta, lo que sucedió muchas veces. Pues desde Trento la teología se hizo polémica contra los protestantes y los modernos. Se puso al servicio de la jerarquía. No es esa la tarea de la teología. Ella sirve para ayudar al pueblo cristiano a entender mejor lo que dice el evangelio. Está al servicio del pueblo cristiano y no de su jerarquía.

2. El culto

En la religión la parte más importante es el culto. En el decorrer de los tiempos, los cristianos han creado un inmenso edificio litúrgico, muy riguroso, muy determinado en todos los gestos y todas las palabras. Los ritos se han inspirado en el Antiguo Testamento, en las religiones de los pueblos cristianizados. Se ha llegado a definir que habría 7 sacramentos. Además hay una infinidad de bendiciones y demás actos de culto, más popular o más letrado. Después del Vaticano II hubo algunos cambios muy superficiales porque por lo esencial todo quedó igual. La consecuencia es que muchos católicos han abandonado un culto que ya no significa nada para ellos. De hecho es difícil entender de qué modo esa liturgia se relaciona con la vida individual y social de los tiempos presentes. La unción de los enfermos poco se practica. Poquísimos todavía practican el sacramento de penitencia. Todo tuvo significado cuando fue introducido en el culto oficial. Pero muchos ritos se hicieron incomprensibles. ¿Cuáles serían los gestos y las palabras que serían significativos para la nueva generación? En lugar de buscar lo que exige la situación actual de la humanidad, hay grupos importantes en Roma que querrían volver al pasado de Trento. Entonces sería la expulsión definitiva de la juventud. Querrían volver al latín. ¿ Por qué no al griego o al hebraico?

3. La organización

Todas las religiones se dan una institución cuyo elemento básico son los sacerdotes cuya misión consiste principalmente en el culto. La religión cristiana no podía escapar. Apareció un clero que - sobre todo después de Constantino - se separó socialmente del pueblo y formó una casta con su sub-cultura propia. En realidad hasta Trento el clero creó muchos problemas, pero Trento logró poner orden y definir el clero que todavía existe hoy. El sistema es rigurosamente monárquico. Todos los poderes están en el Papa y el Papa delega una parte de ellos a los obispos y éstos a los presbíteros y diáconos. Los problemas provocados por la situación actual del sistema monárquico y de la separación entre clero y pueblo, lo que hace imposible una verdadera comunidad, son bien conocidos y no es necesario repetirlos. Es evidente que el sistema no funciona. El rechazo del clero es uno de los motivos fundamentales del abandono de la Iglesia. En las otras Iglesias dichas históricas el problema es igual.

Durante siglos los teólogos se han dedicado a explicar y justificar todos los elementos del sistema. Los tiempos han cambiado. Todo lo que estaba ligado a la cultura tradicional, perdió su sentido y su legitimidad. La teología pondrá en contacto el evangelio y el mundo actual.

Por P. José Comblin

Santiago de Chile, Noviembre de 2009.

martes, noviembre 10, 2009

500 Tambores por la Paz


Porque estuve ahi, se que nada es como estar ahi. El carnaval “500 Tambores por la Paz” se celebró este fin de semana en La Legua, y tuve el honor de participar. Anduve por más de tres horas bailando, enardecido por el estruendo pemanente de los tambores, recorriendo las calles y los pasajes de la población más fatalmente mediática de Chile.
Por tres horas dejé de pensar en los problemas de la pobreza, la marginalidad, la exclusión, la violencia, el narcotráfico, la prostitución infantil, la violencia de género, la violencia intrafamiliar, la violencia callejera, y me entregué al frenesí provocado por la apabullante batucada. Levanté mis brazos, seguí el ritmo, bailé sobre el pavimento, hice rondas, tomé fotos y fui fotografiado, abracé y fui abrazado, corrí, sudé, fui refrescado por mangueras solidarias, y experimenté la pertenencia a un cuerpo mayor, a una sensación de grandeza inimaginable, a una vida poderosa que pasaba a través mi, por el tam-tam, por el viento de esa tarde, por el pavimento retumbante. Por unas horas, fuimos uno. Y sus emociones pasaron a través de mi. La rabia, la ira, la indignación, el furor, potros salvajes contenidos por una voluntad férrea, por el espíritu del grupo aherrojado por su destino. De sus corazones inflamados salía incendiando las miradas, galvanizando los brazos, sincronizando con perfecta disciplina el golpe sobre los tambores. Convirtiendo la rabia en indignación, la indignación en protesta, la protesta en propuesta. Fue un acto litúrgico, un exorcismo para ahuyentar los demonios que infectan sus calles, sus plazas, sus patios y sus casas; una propuesta de humanidad madura que elige un camino responsable para derrotar a sus enemigos, sin fugarse en la droga ni en la violencia. Por tres horas, estuve ahí, y lo que viví cambió mi vida para siempre.
Yo creía, yo había elegido creer, que poner dinero era como estar ahí. Mentira. No es ni remotamente como estar ahi. Podría haber regalado todos mis bienes materiales y jamás habría sabido lo que es tener en mis brazos a una niña abusada que se duerme plácidamente en mi regazo, recuperando la confianza en un adulto, que la protege con el simple gesto de abrazarla. ¿Cómo habría podido comparar los inmensos ojos de sorpresa de José cuando descubrió que el agua del mar era salada? ¿Cómo habría aprendido que darse no tiene nada que ver con dar? Es verdad que para todas estas cosas el dinero es necesario. Pero no es lo mismo dar que darse. Te la debo, María José, tú me dejaste planteada la inquietud. Tus palabras se instalaron en mi espíritu y cambiaron la dirección de mi vida, llevándome con vueltas y recovecos hasta los niños de la Yungay y, con ellos, a los 500 tambores por la paz. Y ahi supe quién soy, y para qué vivo.












miércoles, octubre 28, 2009

Escuela para la Incertidumbre




Voy a comenzar este artículo cometiendo una imprudencia casi imperdonable: voy a citar una fuente cuyo nombre no recuerdo. Pero la historia que me contó viene tan a cuento del tema que quiero compartir, que lo haré de todas maneras. Se trata de un siquiatra chileno, que dedicó muchos años al tema de la droga, tanto en su práctica privada como en su voluntariado en la comuna de Peñalolén, quien hace ya hartos años me compartió la siguiente tesis, fruto de su experiencia en el tema.

Y es más o menos así: Hay una droga madre, y una infinidad de drogas periféricas. Cuando el suministro de droga madre es abundante, las periféricas representan niveles minúsculos de consumo. Lo que vemos en estos tiempos es una proliferación delirante de drogas periféricas, en una gama que va mucho más allá de lo que estamos acostumbrados a ver, de manera que a las conocidas marihuana, cocaina, éxtasis, heroína, tabaco, alcohol, hay que agregar los fármacos antdepresivos, estimulantes, los suplementos alimentarios para reducir grasa o incrementar masa muscular; y más aun, todo tipo de adicción añade más formas de drogadicción, como el trabajolismo, la exploración obsesiva en internet y cualquier actividad a la que se dedica tiempo en cantidades extremas, desatendiendo otras áreas importantes de la vida.

Habiendo aclarado esto, para que algunos ya bajen el dedo acusador (el que esté libre de adicción que lance la primera piedra), nos damos cuenta de una proliferación gigantesca de drogas periféricas. Esto significa, según la tesis de este buen doctor, que hay ausencia de la droga madre. Pero ¿Cuál es esta droga madre? Aquí viene la parte más interesante de su tesis. La droga madre, de la que todos hemos consumido a lo largo de nuestras vidas de modo habitual y regular todos los días, directa o indirectamente, es... ¡el Estado!

En efecto, desde el vertiginoso advenimiento del modelo de mercado, su entronización en la cultura no sólo ha sido posible por sus virtudes propias, sino también por una prédica constante de descrédito del Estado en todas sus formas, ejecutiva, legislativa, judicial, empresarial y contralora, y su constante y acelerada reducción de presencia e ingerencia en las vidas de los ciudadanos. Y las fuerzas siguen en la direccion de presionar aún más sobre su reducción.

¿Qué nos daba el Estado, aquel poderoso gigante omnipresente? Básicamente una convicción acompañada de emociones positivas: la certidumbre. Aprendimos a necesitar la certidumbre y nunca tuvimos suficiente de ella. Frente a las incertezas que siempre nos plantea el mañana, este gran papá nos proveía de certidumbre. No nos decía que las cosas iban a ser muy buenas, pero sí sabíamos cómo iban a ser: certidumbre.

El modelo de economía de mercado es todo lo contrario, nos mueve precisamente en la dirección contraria, hacia la incertidumbre. Y ella, dada la costumbre en que habíamos vivido toda la vida, de contar con la certidumbre acerca de nuestro futuro, se nos hace insoportable. Y entonces, como una forma compensatoria, surge la explosión de adicciones de drogas periféricas.

Y no deja de haber en todo esto una importante paradoja, porque no importa el tamaño ni el alcance del Estado, ni de cualquier otra institución, la realidad concreta es que la vida es incierta. Asi que estos cambios han tenido la virtud de ponernos más alineados con la realidad. El problema es que no la soportamos, no la queremos, y nos vamos a refugiar en otras adicciones – químicas, afectivas, conductuales – para no verla.

No está mal ¿Ah?

Creo que nos da un marco para analizar responsablemente el tema. ¿Por qué se da tan intensamente el consumo de tabaco, alcohol y drogas en los jóvenes? ¿Por qué mis hijos? Se preguntarán algunos padres, con razonable angustia. Esas preguntas, sin embargo, parecen proceder de unos padres que están siendo víctimas de circunstancias incomprensibles y que ciertamente sobrepasan su capacidad de acción. Pero a la luz de la lista larga de drogas ¿No estaremos nosotros mismos proveyendo a nuestros hijos de un contexto en el que la adicción y el individualismo son expresiones “normales” de la convivencia? ¿Cómo nos afecta a cada uno la experiencia de la incertidumbre?

Creo que esta última es la pregunta clave, porque si la incertidumbre es una de las pocas realidades estables de la vida, aprender a vivir con ella es esencial para aprender a vivir. Educación para la incertidumbre me parece un eslógan apropiado. Y en el último párrafo, e incorporado al individualismo porque se conecta viciosamente con el tema. La incertidumbre está conectada en nuestra cultura al temor; y el temor rápidamente se perfuma de desconfianza. El otro se transforma en una amenaza potencial que tengo que neutralizar, cosa que hago replegándome hacia mi interioridad, a mi círculo más privado, desconectándome de los demás. El modelo de mercado nos puso en el escenario correcto: la incertidumbre, pero nos ofreció el evangelio espurio del individualismo, de la competencia brutal y de la codicia santificada. ¡Lo asombroso es que haya que gente aún no se droga en este contexto!

Así que, como suele suceder, la solución empieza por casa. ¿Cuál es el contexto que estoy creando? ¿Quién estoy siendo en mis círculos de relaciones, desde la familia hasta la sociedad? ¿Quién necesito ser para que la incertidumbre sea la fuente oportunidades, el despertador de conciencia, el poderoso enfocador, el gran cable al presente que puede ser?





Y desde allí recién podremos pensar y decidir que hacer en el contexto del colegio. Todo acto conlleva consecuencias, si no son inmediatas, lo serán a más largo plazo, pero esta es una ley de la vida que no puede obviarse. Cuando hacemos la vista gorda y dejamos que los actos no tengan consecuencias, estamos acumulando nubes de tormentas futuras. Nuestros hijos no aprenderán a ser solidarios si nosotros no les mostramos el camino con el propio ejemplo. Tampoco aprenderán a rechazar las adicciones si reciben de nosotros poderosos mensajes contradictorios. Tenemos importantes desafíos por delante, porque estamos hablando de responsabilidades indelegables. El hogar es el 80% de la formación, no podemos pretender que el 20% se haga cargo de toda la carga. Y en esta materia (no se en cuál no, en realidad) el discurso tiene poco o nulo valor. Nuestras acciones vociferan. Es el tiempo de reasumir el liderazgo. Y el liderazgo consiste en ser ahora la realidad que queremos vivir mañana. Cuando un niño fracasa, cuando ua familia se derrumba, cuando una guía no alcanza los niveles de excelencia, la tristeza debería inundar a toda la comunidad, porque todos, de un modo u otro, hemos fallado. Eso es responsabilidad. Apuntar con el dedo es victimización. Tenemos que encontrar la forma de ir por todo: celebración y aprovechamiento de la incertidumbre y, al mismo tiempo, construcción y potenciación de comunidad. ¿Cómo hacerlo? Conversémoslo.

domingo, agosto 09, 2009

La taza de te china



La versión de la historia que recibí dice que los chinos hacen de tomar el te una ceremonia de acogida, fraternidad e intimidad. Que para ello usan finas tazas de porcelana con las que agasajan a sus invitados. Como son piezas extremadamente delkicadas, ocurre que alguna de vez en cuando se quiebra. Cuando tal cosa ocurre, su dueño recolecta todos los pedacitos, hasta el más minúsculo, y reconstruye la taza como si fuera un rompecabezas, uniendo las piezas con oro.
Cuando su trabajo se ha terminado, la taza reparada puede servir nuevamente para tomar te y es asignada siempre al invitado a la ceremonia. Por cierto, esa taza, por su contenido de oro, es físicamente la más cara. Pero el verdadero valor no está en el oro, sino en el trabajo y la dedicación del dueño de casa que la reparó, y en el mensaje que ella contiene. Al ser reparada, la taza aumenta su valor.



¿No ocurre lo mismo con nosotros,que tras ser golpeados y quebrados por los vientos y vaivenes de la vida, hemos de ponernos de pie y repararnos con invisibles hilos de oro? ¿No somos más grandes luego de atravesar una crisis, una desgracia, un dolor, una angustia? Eso que ofrece el dueño de casa chino, ¿No es lo mismo que ofrecemos nosotros cuando redimimos nuestras quiebras haciéndolas servicio, acogida, acompañamiento, comprensión para quienes se encuentran en el valle de las sombras de muerte, en la oscura noche del alma?




Los de las fotos son niños de una población marginal. Y de los más quebrados entre ellos. ¿Se nota? No a simple vista. Sus risas, sus saltos, su entusiasmo, son el hilo de oro con que han sido reparados. Nunca serán los mismos, pero pueden ser aún mejores. Su inocencia ha sido quebrada; sus derechos, conculcados; su fe, barrida; su autoestima, aplastada; su confianza, disuelta. Y mírenlos ahí, saltando bajo el sol, al lado del mar, riendo a cara llena, con los ojos brillantes de entusiasmo, de alegría, de infancia. Niños como cualquier niño. Niños como quisiéramos que fueran todos los niños.
Porque alguien que los vió, se acordó de Gabriela, se inclinó ante ellos y honró su humanidad y la de ellos con cálidos hilos de amor. Y haciéndolo perdió su vida. Y perdiéndola, ganó la Vida para siempre.

sábado, julio 25, 2009

Seguimos amando a concho a los niños de la Yungay.



Además darles entretenimiento y diversión, esta semana los llevaremos al dentista y la próxima les traeremos médicos para control de niños sano. Nuestra meta, como saben, es arrendar la sede, equiparla y financiarla por los próximos dos años, además de participar voluntariamente en la acción directa de la ONG con los niños. Están programados viajes al BuinZoo y a la Escuela Naval. La respuesta de todos ha sido maravillosa. Chile es un país que quiere ser responsable y solidario, sin duda.

Para el 1 de Agosto tenemos otra actividad destinada a conseguir fondos para alcanzar nuestra meta. Pero esta vez tendrá una diferencia: los niños de la Yungay van a estar ahí, porque será una avant premiere de la película "Monstruos vs. Aliens", apta para todo espectador, especialmente niños.

Asi que podrás ir con tus hijos, pasar un grato momento en familia, conocer a los chicos de la Yungay (así podrás ver a quienes has estado amando tan comprometidamente en estas semanas) y nos ayudarás a concretar este sueño.

Envíame un mensaje por mail, facebook o celular, para reservar tus entradas (sólo contamos con 500).

¡Vamos que, juntos, sin duda podemos!

Un abrazo



DÉJAME DORMIR, MAMÁ

Hijo mío, por favor,
de tu blando lecho salta.

Déjame dormir, mamá,
que no hace ninguna falta.

Hijo mío, por favor,
levántate y desayuna.

Déjame dormir, mamá,
que no hace falta ninguna.

Hijo mío, por favor,
que traigo el café con leche.

Mamá, deja que en las sábanas
un rato más aproveche.

Hijo mío, por favor,
que España entera se afana.

¡Que no! ¡Que no me levanto
porque no me da la gana!

Hijo mío, por favor,
que el sol está ya en lo alto.

Déjame dormir, mamá,
no pasa nada si falto.

Hijo mío, por favor,
que es la hora del almuerzo.

Déjame, que levantarme
me supone mucho esfuerzo.

Hijo mío, por favor,
van a llamarte haragán.

Déjame, mamá, que nunca
me ha importado el qué dirán.

Hijo mío, por favor,
¿y si tu jefe se enfada?

Que no, mamá, déjame,
que no me va pasar nada.

Hijo mío, por favor,
que ya has dormido en exceso.

Déjame, mamá, que soy
diputado del Congreso
y si falto a las sesiones
ni se advierte ni se nota.
Solamente necesito
acudir cuando se vota,
que los diputados somos
ovejitas de un rebaño
para votar lo que digan
y dormir en el escaño.
En serio, mamita mía,
yo no sé por qué te inquietas
si por ser culiparlante
cobro mi sueldo y mis dietas.
Lo único que preciso,
de verdad, mamá, no insistas,
es conseguir otra vez
que me pongan en las listas.
Hacer la pelota al líder,
ser sumiso, ser amable
Y aplaudirle, por supuesto,
cuando en la tribuna hable.
Y es que ser parlamentario
fatiga mucho y amuerma.
Por eso estoy tan molido.
¡Déjame, mamá, que duerma!

Bueno, te dejo, hijo mío.
Perdóname, lo lamento.
¡Yo no sabía el dolor de cabeza
que produce el Parlamento! .....



Fray Junípero (1713 - 1784) Religioso franciscano español.

lunes, julio 20, 2009

Ductilidad, el arte de vivir


“Ser capaz de campiar de perspectiva es como tener un auto funcionando bien. Si la caja de cambios del auto está trabada en una marcha, entonces es un vehículo disfuncional. Aunque sea un Maserati, si está atascado en primera, o en marcha atrás, es disfuncional. Pero cuando cuenta con fluidez y movimiento, y puedes meter todas las marchas posibles hacia adelante y también la marcha atrás, lo que se sea que necesites, entonces cuentas con un vehículo funcional” (Maestro Zen Dennis Genpo Merzal, Big Mind - Big Heart)

Es asombroso, imagínate tu auto ideal. Se ve tan hermoso en el afiche. Lo compras, y ¡está atascado en la marcha atrás!

Ahora imagínate TU vida. ¿Estás atascado en reversa? ¿Siempre mirando hacia atrás? ¿O atascado en primera, evitando todo riesgo? ¿O quizás en la quinta marcha, incapaz de aquietarte?

Como dice Genpo, da lo mismo en qué marcha estás atascado, si no puedes cambiar según los cambios de escenario, asi como el auto, tu vida es disfuncional.

En palabras de Anthony DeMello: “Eres mucho más energético, más vivo. La gente piensa que si no tiene deseos, sería como muertos. Pero de hecho dejarían la tensión. Abandona tu miedo al fracaso, tus tensiones acerca de tener éxito, y serás tú mismo. Relajado. No estarías manejando con los frenos activados. Eso ocurriría realmente” ( Awareness )

lunes, julio 13, 2009

Una Invitación al Amor

Estoy enviando esta invitación por mail a toda mi red de contactos electrónica. Si no te llega, igual van los links al final, para que cuentes con toda la información pertinente.

Querid@ amig@:

Como ya te habrás dado cuenta por las campañas anteriores, me he involucrado seriamente con un grupo de personas decididas a crear un futuro extraordinario para un puñado de niños de la Población Yungay, comuna de La Granja. Lo que haremos y cómo está detallado en uno de los archivos que acompañan a este mail. Lo que quiero hacer ahora es contarte por qué lo hago.
Lei alguna vez, en alguna parte, que nadie abandona sus privilegios de buen grado; normalmente hay que arrebatárselos por la fuerza. Algo de verdad hay en ello, pero no siempre es por maldad o abuso deliberado. La mayoría de las veces, se debe a que los privilegios son invisibles para quien los detenta. Más bien le parecen merecidos.
La variedad social de mi colegio me permitió visualizar mis privilegios. Pero me iba a tomar mucho tiempo decidirme a renunciar a algunos de ellos. Y no habría estímulo más poderoso que tener la oportunidad de ver la vida de los que no gozan de tales beneficios. Conocer personalmente a los niños de la Yungay ha sido un golpe duro. Cuando se habla de niños en riesgo social, se asume que hay que protegerlos porque “podría pasarles algo malo”. Es, cosa tìpica en nuestra cultura, un eufemismo. Estos niños no están en riesgo. Ya les ha pasado. Les está pasando.
Y en medio de esa turbulencia de violencia, abuso, discriminación y pobreza cultural, un árbol que da buena sombra: la ONG Por un Chile Responsable. ¿Sabes? Hay muchos trabajando por un Chile mejor, y en general son todos buenos: buena gente, con buenas intenciones y programas y con un grado de entrega y dedicación que los honra a ellos y a toda la especie humana. Asi que no estoy acá diciendo que Por un Chile Responsable sea mejor que otras. Es la que sirvo, y lo hago porque ahi hay gente que conozco y en la que confío ciegamente, y principalmente, porque a través de su nombre acepté el desafío de ser una persona responsable y comprometida, capaz de dar mi ternura de padre que ve vaciarse el nido a otros niños, de hacer una diferencia significativa en sus vidas, para que ellos a su vez sean agentes de cambio en sus barrios y poblaciones.
En el proceso me he dado cuenta que cuento con un enorme poder para hacer esto. El tuyo. Si, y el de todos mis amigos. Me he propuesto ser el puente entre tú y ellos. Y sueño con verte a mi lado, contribuyendo de alguna manera a hacer un Chile más responsable, solidario, cariñoso, donde los más grandes cuidan de los pequeños, no tanto a través de instituciones, sino en el contacto personal.
Tengo dos formas de invitación. Y van en los otros dos archivos adjuntos. Una te invita a un compromiso como voluntario y la otra, a un compromiso como donante financiero.
Léelas con calma. Deja que vayan a tu mente por el camino largo – el corazón – y toma una decisión.
Imprime, piensa, escribe, firma y llámame. Iré personalmente a darte un abrazo de corazón a corazón, y llevaré el tesoro que ofreces a los niños. O tal vez tú quieras venir conmigo, lo que sería una doble alegría.

Alégrate por mí, porque yo no quepo en mi de tanta alegría

Muchas, muchas gracias

Presentación ONG Por un Chile Responsable

Compromiso Socio Colaborador


Ficha Voluntariado

sábado, julio 11, 2009

El brillo en los ojos


Ha sido un placer encontrar a Ben Zander en YouTube. ¡Y con traducción al español, para poder compartirlo con todos mis amigos! Director de la Filarmónica de Boston, se ha convertido en un modelo de liderazgo que vale la pena ver. Tremendamente inspirador, Ben te lleva a conectar con lo mejor de ti y a lanzarte en tu propia jornada de los héroes, con el brillo en tus ojos.

No diré más. En esta ocasión, sólo quiero recoger opiniones y comentarios...

miércoles, julio 08, 2009

Una foto muy reveladora



La encontré en el facebook del "Tallo" Canobra. Yo debería tener una copia, pero la he perdido en alguna parte, hecho nada trivial por lo demás.
Henos ahi, 46 chicos bordeando los 10 años, recién ingresados la Escuela Anexa, 5ª preparatoria, del Instituto Nacional. Todos procedentes de distintos colegios del país, en los que fuimos alumnos destacados, y vencedores de una dura competencia con otros mil o más muchachos deseosos de llegar al "primer foco de luz de la nación"

Allí está el que sería nuestro mentor, el profe Alejandro Ruiz Battory. A su izquierda, Juan Carlos Alegría; a su derecha, yo. Una de nuestras primeras lecciones fue una práctica de civismo: elección de mesa directiva; de entrada, el Instituto nos mostraba su ADN republicano, con el que nos infectaría de por vida. Y la experiencia cívica fue sorprendente porque a la hora de proponer candidatos, dos nombres surgieron y se instalaron: Juan Carlos y yo. Nos conocíamos apenas de unos pocos días "¿Por qué yo?", pensé con una sorpresa que se iba haciendo acompañar por vanidoso orgullo. El estrecho resultado final hizo que "Ruiz" propusiera que alternáramos los cargos de presidente y vice-presidente por medio año cada uno. Así fue acordado y asi se hizo.

Mi ejercicio significó para mi un grueso bochorno. Mis estrategias vitales hasta ese momento se habían centrado en evitar la exposición y ocultar cualquier virtud que pudiera poseer. Lo habia practicado tanto que ya ni siquiera creía contar con alguna virtud propia del liderazgo público. Dubitativo, vacilante, refractario a tomar decisiones, pronto el grupo se dio cuenta que no habia conducción, el desorden se instaló en nuestros "consejos de curso" y, a su turno, el cambio de roles fue más que bienvenido.

El resultado de esta exposición pública no hizo más que confirmar la validez de mi estrategia de mantenerme en bajo perfil, ojalá invisible. En el fondo había conseguido mi propósito más oculto: confirmar mi estrategia defensiva y seguir resistiendo mi miedo al fracaso,a la agresión y al desprecio. Lo había conseguido, si, y de un modo tan contundente, que la había reforzado con hormigón armado de la más densa especificación. De ahi en más, los ocho años institutanos serían un ejercicio de sobrevivencia con el mínimo indispensable, el "cuatrero" profesional, el rebelde que desprecia toda la institución, se burla de todos sus consejos, explora todos sus intersticios, se instala en sus límites y los cruza con desdén. Mi modelo de conexión con el mundo encontraba ahi su madurez: incapaz de perder un duelo, lo eludo machacando con brutal ironía tanto al rival como a la institución misma del desafío. Furiosamente encerrado en los libros, gano y gano vocabulario, distinciones lingüísticas que convertiré en aguzados estiletes de la sátira verbal.

Me falta conectar todo esto con el origen de la estrategia. Y es una historia que ahora conozco, pero que merece una página aparte. Y lo que viene desde esta foto en adelante será más de lo mismo: más sofisticado, más recursivo, más complejo, más elaborado y a veces hasta más elegante, pero siempre lo mismo. Hasta ahora.

Y sigue ahí, como aceitado mecanismo, listo para saltar en respuesta al estímulo adecuado. La única diferencia es que ahora lo conozco. Y a veces, cuando veo venir la provocación, le trabo el gatillo. Es un juego. Cuando lo hago - trabar el gatillo - una aterrada parte de mi salta en mi interior y me golpea justo en el esternón con una delgada y poderosa línea de dolor: el miedo. Otra parte de mi, asombrada, ve venir el dardo y mira la respuesta desarticulada. Es un segundo de silencio. De pronto toda la algarabía de la mente se queda congelada, en silencio mortal, como cuando en el último segundo del último cuarto un jugador lanza la bola hacia el cesto desde la mitad de la cancha para buscar el punto definitorio y todo el estadio se queda de pie, boquiabierto, sin aliento, viendo a esa pelota recorrer los últimos 2 segundos de partido, como si un sonido cualquiera - una tos, un grito - pudiera abatirla como un misil.

Y entonces llega. Un empujón brutal, un golpe aleve. La suma de los miedos. El infierno tan temido directo al mentón, el paraíso tan querido al borde de la desaparición. ¡Llega el golpe!. Y entonces...

Nada. Asombrosamente nada.

Y, sí, asombro.

"¿Dónde está, muerte, tu aguijón? ¿Dónde, sepulcro, tu victoria?" escribió el apóstol Pablo. Para mi, tiene todo que ver con esto.

martes, julio 07, 2009

Fiesta en la Murano. ¡¡¡¡Por los niños de la Yungay!!!!



Por sólo 7 lucas: música, baile, sorteos, premios. Y el gigantesco bonus track de hacerse presente con esperanza en las vidas de niños vulnerados. Tengo entradas, mailéame o llamame a 90808893 para asegurar la tuya...

Un himno religioso


Escrito hace unos pocos años por Tore Littmark, clérigo luterano sueco:

"Atrévete a cuestionar, atrévete a indagar, a buscar, a explorar sin límites, Dios está incorporado en tus preguntas. Ya Dios te tiene en mente.

Atrévete a cuestionar, atrévete a dudar, atrévete a explorar el camino que eliges, Dios ya está profundamente dentro de ti, más cerca de lo que osas suponer.

Atrévete a cuestionar, atrévete a decir “no” a respuestas de simplista elocuencia. Atrévete a esperar y atrévete a titubear; Dios estará a tu lado.

Atrévete a cuestionar, con fuerza y temeridad, Dios aún creerá en tí. Tu vida es el propósito de Dios. Dios ya te tiene en vista.

Atrévete a cuestionar, dudar y maravillarte, eres amado, por Dios tomado, eres anhelado, visto, descubierto, libre para vivir y para creer."

domingo, abril 01, 2007

Mi Fotolog

http://www.fotolog.com/andres_wiche/

miércoles, marzo 28, 2007

CAMPAHI

Campamento de la comunidad educativa Montessori, que reune a todos sus integrantes en Picarquín, al comienzo del año escolar. Creado como una forma de mostrar a los padres las actividades scouts de sus hijos, terminó por parir al proyecto educativo Epullay, una fusión de escultismo y Montessori. Pero, más allá de los conceptos subyacentes, lo verdaderamente significativo ha sido la creación de una comunidad que se identifica como tal y que se ocupa de su propia agenda como si se tratara de una familia. Empresa no fácil en un mundo que aceleradamente se disuelve en individualismos.
Para ir a este campamento en particular, vale decir que LO PASAMOS CHANCHO, haciendo las actividades de campamento, bailando casi toda la noche guiados por el inimitable Carlos Soto (si, el mismo, el presidente del SIFUP, y pudimos alegrarnos con él por la promulgación de la ley del deporte que siguió y persiguió por 12 años) teniendo momentos de reflexión como comunidad y espacio de desarrollo de las amistades en un plano de mayor cercanía e intimidad.
Una vez más , el CAMPAHI llenó las expectativas de quienes no echamos de menos el mundo antiguo, sino que tratamos de transportar lo bueno de él al mundo venidero, ese que esperamos con anticipación y entusiasmo.

I'm back

Ha pasado una montaña de tiempo. Más que tiempo, lo que ha habido es sucesos, acontecimientos, que culminaron en la partida de mi hija mayor, Anaí, a estudiar a Australia. La despedida se me hizo muy cuesta arriba; yo, que no soy mas intuitivo que un ladrillo con pelos, no he dejado de pensar que su viaje se prolongará mucho más allá del período de estudios que lo provocó.
Y en una circunstancia así, no puedo dejar de pensar en lo dicho y no dicho. En los inevitables errores cometidos, en las palabras omitidas, en los abrazos hurtados, que adquieren en este contexto un peso definitivo. Ahora camino como arrastrando una pesada carga.
No tengo muchas ganas de hablar, ni de escribir; es como un tiempo de reflexión, una búsqueda a veces desesperada de cerrar los procesos que quedaron inevitablemente abiertos con la separación. Tengo que aprender a vivir con ella de otra manera. Y gracias a estas tecnologías, creo que lo estamos haciendo bien... mejor que antes por lo menos.

jueves, diciembre 01, 2005

La iglesia emergente

La Iglesia Emergente
Con frecuencia la gente me pide que describa cómo será la iglesia del futuro. Parece que a estas personas les parece natural que quien ha escrito un libro llamado “Un nuevo cristianismo para un nuevo mundo nuevo” debería ser capaz de responder a esa petición. Esa expectativa se ve alimentada por el hecho que en uno de los capítulos de libro efectivamente intento describir la iglesia del futuro. Titulado “La Ecclesia del mañana”, en él hasta me atreví a sugerir un nuevo nombre para esa estructura. La palabra griega “ecclesia” significa “¡ser llamado afuera!”. Al explicar esta elección escribí: “Veo a esta nueva iglesia... como la comunidad de aquellos que han sido llamados a salir de sus límites, de sus prejuicios, de sus quiebras, de su autocentrismo.” Esa era la versión negativa, pero también escribí que veía a esta nueva iglesia de un modo positivo, como una comunidad de personas “llamadas hacia la vida, hacia el amor, hacia la plenitud, hacia Dios.” Estas fueron sólo grandes pinceladas, sin embargo, que no proveían el detallado mapa de ruta que estas personas me pedían. Ellos querían saber exactamente cómo sería esa iglesia, cómo se diferenciaría de las estructuras eclesiales del presente, cuál sería su forma y modelo y como podrían ellos empezar ahora a moverse hacia esa identidad. Detrás de esas preguntas yace el conocimiento que las actuales estructuras de la iglesia no están funcionando, en el mejor de los casos, o que están muriendo, en el peor. Ellos también miran con alguna envidia a las iglesias evangélicas que están prosperando y se preguntan si será eso lo que representa el futuro de la cristiandad, como muchos evangélicos proclaman. Estas son preocupaciones genuinas y requieren una respuesta seria.
Primero, déjenme decir que descarto por completo la permanencia del poder de lo que los evangélicos llaman su “éxito”. Las iglesias que trafican certidumbre y ofrecen seguridad finalmente se muestran incapaces de entregar lo que prometen. La seguridad y la certeza son siempre ilusiones, no realidades. El éxito de esta iglesia se basa en una respuesta histérica a la ineludible ansiedad básica de la vida. Su atractivo es finalmente una proclamación idolátrica. La certeza y la seguridad nunca serán posesiones humanas.
La iglesia del futuro es algo que la gente irá haciendo a medida que se interna en el futuro. No hay guía caminera. No hay ninguna seguridad que las formas de hoy, no importa cuán sagradas o reverenciadas hayan sido por mucho tiempo, vayan a satisfacer las necesidades del mundo futuro. Me pregunto cómo los cristianos perseguidos que se reunían en las catacumbas, en los siglos II y III, podrían responder si alguien les hubiera dicho que ellos evolucionarían en el tiempo hasta ser la institución dominante de Occidente, con catedrales góticas construidas sobre la colina más alta en el centro de las ciudades, dominando a su alrededor del mismo modo que el cristianismo dominaba la vida política del mundo occidental
En tanto que esos cristianos primitivos no habrían sido capaces de imaginar tal cosa, estoy seguro que los cristianos del s. XIII, mirando atrás en la historia, sí habrían reconocido que esos cristianos en las catacumbas eran de hecho sus ancestros. No podemos trascender nuestro tiempo para ver un futuro que será erigido sobre con conjunto de presupuestos completamente desconocido. Todo lo que podemos hacer finalmente es notar patrones en desarrollo.
En nuestros viajes dando conferencias alrededor del mundo, vemos atisbos de la iglesia de mañana que seguramente representan un nuevo cristianismo emergente. Pienso en Paul Tenaglia, en la Iglesia Unida de Chelsea, Nueva York, quien en una ocasión inició la liturgia diciendo: “¡Bienvenidos a la Unidad de Nueva York! Esta es una iglesia en la que a usted no se le dirá que es un miserable pecador.” Seguramente una de las características de la iglesia de mañana es que no practicará el abuso emocional sobre sus congregaciones con liturgias diseñadas para aumentar la culpa. La mayoría de los parroquianos regulares aún no entiende cuán destructivo es ser confrontado domingo a domingo con frases como: “No hay nada bueno en nosotros... No somos dignos aún de recoger las migajas que caen al suelo”. ¿Qué clase de liturgia es esa que constantemente muestra al creyente humillándose y suplicando: “Señor, te piedad, Cristo ten piedad, Señor ten piedad”?.
Vi otro atisbo de la iglesia del futuro en un aviso en el muro de la Iglesia del Redentor en Morristown, New Jersey, invitando a todos a participar en la Mesa del Señor en su Eucaristía comunitaria. El aviso decía: “El único prerrequisito para recibir la comunión es tener hambre.”
Vi una expresión de la iglesia del futuro en la Catedral de la Esperanza, en Dallas, Texas, mientras escuchaba a un coro masculino de 50 voces que cantaban magníficamente himnos de adoración, amor, gozo y esperanza. Se llamaban “Los cantantes positivos”. Era un nombre singular que se llenó de significado para mi cuando supe que ellos habían adoptado ese nombre porque todos sus integrantes eran VIH positivos.
Vi a la iglesia del futuro en la Primera Iglesia Metodista de Omaha, Nebraska, que trabajaban conjuntamente con la sinagoga vecina, explorando las raíces de su fe, las fuentes de su división, y la sórdida historia de siglos de separación. También escuché allí un oratorio sobre la Resurrección que transformó para siempre mi visión de la Pascua.
Y está la Iglesia de las Nuevas Dimensiones, de Tulsa, Oklahoma, una congregación pentecostal afro-americana con un ministro increíblemente dotado llamado Obispo Carlton Pearson, quien se llama a sí mismo “el hijo negro de Oral Roberts”. Este hombre ha llegado a la convicción que hay tantos límites y convicciones de la tradición pentecostal que son proveedoras de seguridad pero no de vida, que ha empezado a acercarse a una nueva conciencia dentro de la tradición pentecostal que no se regocija en identificarse con los perdidos, según la cual toda persona puede ser parte de su pueblo, Les ha pedido a los suyos que renuncien a la seguridad de la certidumbre y asuman el coraje de ser y que caminen junto a él más allá de las tradicionales barreras de la separación y se internen en esa promesa bíblica de que Dios hará todas las cosas nuevas.
La vi en un afiche, creo, sobre un muro de la Iglesia Unida de Cristo, en Ames. Iowa, que decía: “¿Cómo es que las iglesias que proclaman tener todas las respuestas, no dan lugar a ninguna pregunta?”.
He visto trazas de esta futura iglesia emergente en un grupo de mujeres católicorromanas en San Pablo, Minnesota, que organizaron el ministerio educacional de su iglesia separadamente de su iglesia, de modo que ellas, no la jerarquía eclesial, puedan controlar las exploraciones hacia Dios que ocurren en ese lugar. Estas mujeres también exigieron voz en la elección de su sacerdote antes de acceder a colaborar en la formación de esa ahora próspera congregación.
Aunque nunca he visitado la Iglesia Bautista de Myers Park en Charlotte, North Carolina, la he admirado desde que su pastor era el gran Carlyle Marney. Alguien me envió una copia de su declaración de misión o pacto. Incluye tantas de las cualidades que yo busco en la iglesia del futuro, que quiero compartirla entera con ustedes:

Nosotros, los miembros de la Iglesia Bautista de Myers Park, somos un pueblo en una jornada de fe. Por la gracia de Dios estamos experimentando el amor de Dios a través de Jesucristo y en la comunidad de los fieles. En esta experiencia estamos descubriendo nuestra libertad para llegar a ser nuevas criaturas y nuestra responsabilidad de ser fieles administradores de nuestras vidas y de este mundo. Estaremos abiertos a toda nueva luz, fortalecidos por Dios y nuestra comunión en nuestra fe. Mantendremos un examen crítico de las Escrituras, creencias y rituales como intérpretes de la activa presencia de Dios en el mundo. Aceptaremos juntos la controversia como una realidad de la vida y como una oportunidad para crecer hacia la madurez. Nos comprometemos a ser una comunidad de la nueva creación de Dios y afirmamos que estamos abiertos a todos y cerrados para nadie. Nos comprometemos a nutrir a esta iglesia como una comunidad de fe y como un instrumento de reconciliación para el mundo por medio de la liturgia, de la educación cristiana, por la dedicación de nuestros recursos humanos y materiales y por todos los otros medios en que podamos expresar el significado de nuestras vidas con Dios y con nuestra comunidad. Nos comprometemos a ser sacerdotes celebrando la presencia de Dios en la comunidad y en el mundo, creyendo que somos partícipes del reino de Dios en la tierra..
Hay muchas otras que merecen atención. El espacio disponible, sin embargo, me impide continuar. Pienso en iglesias que me han tocado profundamente en ciudades como Houston, Austin, Dallas, Little Rock, Greensboro, Sacramento, Denver, Phoenix, Scottsdale, San Diego y muchas otras donde los cristianos, hambrientos por más de lo que las estructuras eclesiales pueden hoy ofrecer, se están atreviendo a pensar fuera de los moldes de su pasado tradicional y desarrollan formas nuevas para un mundo nuevo. El fermento está presente en toda tradición cristiana. A veces abiertamente, a veces soterrado.
El Centro para el Cristianismo Progresista, en Cambridge, Massachussets, dirigido por el Rev. James Adams, cuenta con una lista de ocho prerrequisitos necesarios para que una congregación local sea identificada con su misión y ministerio. La iglesia del futuro también puede ser vista en esos principios:


1.Proclamamos a Jesús como nuestra Puerta hacia el Reino de Dios
2.Reconocemos la fe de otros pueblos que tienen otros nombres para el acceso al Reino de Dios
3.Entendemos nuestro compartir de pan y vino en el nombre de Jesús como una representación de la festividad de Dios para todos los pueblos.
4.Invitamos a todos los tipos y condiciones de gentes a unirse en nuestro culto y en nuestra vida común como miembros plenos, incluyendo – pero no limitado – a creyentes y agnósticos, cristianos convencionales y escépticos cuestionadores, homosexuales y heterosexuales, mujeres y hombres, los desesperados y los esperanzados, de todas las razas y culturas, de todas las clases y habilidades, sin imponer sobre ellos la necesidad de asemejarse a nosotros.
5.Pensamos que la forma como nos tratamos entre nosotros y a otros es más importante que la forma en que expresamos nuestras creencias.
6.Encontramos más gracia en la búsqueda de sentido que en la certeza absoluta, en las preguntas más que en las respuestas.
7.Nos vemos como una comunidad espiritual en la que descubrimos los recursos necesarios para nuestro obrar en el mundo: esforzándonos por la justicia y la paz entre todos los pueblos, llevando esperanza a todos aquellos que Jesús llamó los más pequeños de sus hermanos y hermanas.
8.Reconocemos que nuestra fe implica un costoso discipulado, la renuncia de privilegios y la conciente resistencia al mal – como siempre ha sido la tradición de la iglesia.
En países de otros idiomas también veo una radical renovación. Por ejemplo, en Suecia, bjo el ministerio de un gran Obispo Luterano llamado Claes-Bertil Ytterberg, y en Finlandia, liderado por otro gran obispo luterano, llamado Wille Riekkinen. Esta efervescente emergencia de reforma no reconoce límites ni de nacionalidad ni denominación. No podemos acelerar el proceso de reforma pero podemos y debemos animarlo. Quizás el primer paso que una congregación podría considerar sería dejar de defender las estructuras agónicas, dar un paso al costado y dejar que el nuevo nacimiento ocurra.